499 Educar ¿en cristiano?
por siena
Artículo de Ramiro Pellitero, profesor de Teología de la Universidad de Navarra / www.analisisdigital.com / lunes 3 de junio de 2013
¿Qué es, en la perspectiva cristiana, educar? ¿Qué requiere en cuanto a los proyectos y los contenidos, las actitudes y los métodos? En su Mensaje a las comunidades educativas, de 2007, el entonces Cardenal Jorge M. Bergoglio perfila la tarea educativa cristiana como un compromiso compartido por todos, que hoy requiere un impulso decidido.
1. Educar en la perspectiva cristiana es ayudar a descubrir la vida como un don de Dios Padre. Esto incluye aprender y enseñar a valorar la vida como don, promoviendo la verdadera libertad que se configura por el amor.
Esta tarea tiene un carácter esencialmente pascual, porque es Cristo Resucitado quien hace posible esta tarea fascinante de promover libertades responsables, como don y tarea de todos. Para esa tarea, que hoy se encuentra con especiales dificultades y tentaciones de cansancio, contamos con el saludo del Resucitado a sus discípulos: "No temáis"; pues, en efecto, ha sido removida la piedra que pretendía obstaculizar la vida y el mensaje del Hijo de Dios hecho carne: la manifestación del amor de Dios que es luz y vida plena para cada persona y para el mundo; manifestación que sigue adelante a través de la familia de Dios que es la Iglesia.
La tarea educativa cristiana, señala el Cardenal Bergoglio, vive de la esperanza en una humanidad nueva, por designio divino: "Es la esperanza que brota de la sabiduría cristiana, que en Jesús Resucitado nos revela la estatura divina a la cual estamos llamados" (El verdadero poder es el servicio, Madrid 2013, p. 111).
2. Por eso, apunta citando a Benedicto XVI, la antropología cristiana es una antropología de la transcendencia (cf. "La persona humana, corazón de la paz", Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1-I-2007). Es –en expresión de sabor newmaniano– una especie de "gramática" natural que se desprende del proyecto divino de la creación, por el que no somos simplemente una parte del mundo sino culminación de la creación.
Escribe el Cardenal argentino, hoy Papa Francisco: "La creación ‘se trasciende' en el hombre, imagen y semejanza de Dios. Porque el hombre no es sólo Adán; es ante todo Cristo, en quien fueron creadas todas las cosas, primero en el designio divino" (El verdadero poder..., p. 112).
Hace notar que, según esto, el cristianismo da lugar a una concepción peculiar de lo que es "trascendencia": la trascendencia cristiana no es un ámbito que esté "afuera" del mundo, separado o elevado de las cosas creadas. Más bien "consiste en reconocer y vivir la verdadera ‘profundidad' de lo creado". Y apunta certeramente dónde está esa profundidad: "El misterio de la Encarnación es el que marca la línea divisoria entre la trascendencia cristiana y cualquier formar de espiritualismo o trascendentalismo gnóstico" (ibid.)
En ese sentido –observa– "lo contrario a una concepción trascendente del hombre no sería sólo una visión ‘inmanente' del mismo, sino una (visión) ‘intrascendente'", es decir, algo sin importancia ni relevancia. No se trata de un juego de palabras, sino que cuando el hombre pierde su fundamento divino su existencia se desdibuja, pierde su fundamento, se convierte en una pieza de un rompecabezas, en un peón más del ajedrez, en un número de estadística o un elemento insignificante de un proceso de producción.
En esa "antropología de la intrascendencia" –que vemos a diario: niños o niñas que viven en la calle, mujeres esclavizadas, etc.– se pierde de vista la dignidad infinita o trascendente de las personas, esto es, la dignidad del hombre, de quien está relacionado con Cristo, con el mismo Dios; y que hace que las personas no se puedan considerar como simples números iguales unos a otros.
Que la dignidad humana trasciende el mundo no quiere decir separación de la naturaleza –eso sería una "trascendencia desnaturalizada–, sino capacidad para crear cultura; no destruyendo la naturaleza, sino interrogándonos sobre nuestra participación en la naturaleza, con sabiduría y responsabilidad. Esto debe reflejarse en la educación, enseñando el sentido de la ciencia y de la técnica, de la producción y del consumo, del cuerpo y de la sexualidad; de la transformación del mundo, más allá de la dictadura del consumismo y de la imagen; del valor de lo gratuito, del tiempo y del trabajo compartido, de la belleza diversa de las personas.
La antropología cristiana es trascendente también respecto a uno mismo, por la apertura constitutiva hacia los otros. Y esto es lo contrario a lo que se ha llamado "individualismo competitivo" como ideología resultante de la modernidad en occidente. La felicidad de las personas incluye a los demás, necesita del lenguaje, de la historia, de la comunidad. Por eso no puede aceptarse una definición negativa de la libertad, del tipo: "tu libertad termina donde empieza la de los demás". Más bien sucede otra cosa: "La libertad, desde este punto de vista –señala Jorge M. Bergoglio– no ‘termina' sino que ‘empieza' donde empieza la de los demás. Como todo bien espiritual, es mayor cuanto más compartida sea" (p. 119).
Y esto se refleja en el sentido del trabajo humano y de la libertad, de la relación con las personas y con las cosas: "¿Para qué quiero construir un mundo si en él voy a estar solo en una cárcel de lujo?" (Ibid.). Una concepción positiva de la libertad lleva a entender a las personas no como objetos a poseer, sino como sujetos a quienes promover y amar, no por lo que tienen sino por lo que son. Según la ideología o más bien la idolatría de mercado, quien no tiene, no existe y por eso se le excluye y se autoexcluye.
La clave cristiana de la antropología va en la línea contraria de esta intrascendencia individualista, de este individualismo competitivo. Va en la línea de la ciudadanía, de la solidaridad y, en último término del amor.
Por eso no es suficiente con reconocer una nueva conciencia ecológica que supere toda reducción determinista a lo natural-biológico; y tampoco basta una nueva conciencia humanística y solidaria que se oponga al egoísmo individualista y economicista. Es necesario mantener la capacidad de soñar.
Refiere el Cardenal Bergoglio: "Un escritor latinoamericano decía que tenemos dos ojos: uno de carne y otro de vidrio. Con el de carne miramos lo que vemos, con el de vidrio miramos lo que soñamos". Pues bien, esto sólo puede darse con certeza desde la libertad y la apertura de la fe, que nos salva de la esclerosis y el conformismo; y al mismo tiempo nos libera del relativismo, al dar a todo lo que hacemos un sentido y un término en relación con el "encuentro personal y comunitario con el Dios-Amor, más allá incluso de la muerte".
3. ¿Cómo educar esta nueva humanidad que debe comenzar en cada escuela (también cabría decir, en cada familia)? Lo último que deberíamos hacer los educadores, anota Jorge Bergoglio, es atrincherarnos en las lamentaciones: "No nos es lícito convertirnos en unos ‘desconfiadores' a priori (…) y felicitarnos entre nosotros, en nuestro mundillo clausurado, por nuestra claridad doctrinal y nuestra insobornable defensa de las verdades… defensas que sólo terminan sirviendo para nuestra propia satisfacción". Hemos de convencernos de que las cosas se pueden cambiar.
Para eso debemos primero convertirnos, como Jonás, para dejar de huir, y ser capaces de servir a los planes de Dios. Jonás tenía unas ideas "demasiado claras" sobre cómo actúa Dios y qué quiere en cada momento; y Dios le pidió abandonar su seguridad y su comodidad para ir a la "periferia". También nosotros, sugiere el Cardenal, deberíamos aceptar el riesgo de protagonizar una nueva educación, para ir al encuentro de aquellos que siguen interrogándose sobre el sentido de la vida. Y ofrece orientaciones concretas: conceder prioridad a los valores no cuantificables como la amistad, la autenticidad, el encuentro, la participación; presentar el testimonio de tantos que han soñado con una humanidad distinta, como "modelos" que permitieron mantener la cabeza en alto a generaciones enteras, que brillaron por su virtud y su alegría; fomentar la "cultura de la trascendencia" despertando sueños y esperanzas, y ayudando a que se maduren y sostengan.
En efecto, cabría decir ahora con el Papa Francisco: ha llegado la hora de una educación integralmente humana. En la escuela ese proyecto puede acometerse con la colaboración entre las familias y los profesores. Es un proyecto que implica no sólo una revisión de los "contenidos" de la educación; sino también, y ante todo, de las disposiciones y actitudes, primero de los educadores. Y eso tiene que ver con nuestras expectativas y horizontes. El proyecto implica, como ya hemos visto, los métodos. Jorge Bergoglio termina hablando de revalorizar la palabra: la de los educadores, la de los jóvenes, y sobre todo la de Dios, practicando y enseñando la oración.
Enlace a la noticia: http://www.analisisdigital.org/2013/06/03/educar-en-cristiano/
499 El Papa dice que los alimentos que van a la basura se roban de la mesa del pobre y de hambriento
por siena
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! (aplausos)
Hoy quiero centrarme en el tema del medio ambiente, como ya he tenido ocasión de hacerlo en varias ocasiones. Me lo sugiere el Día Mundial del Medio Ambiente que celebramos hoy, patrocinado por las Naciones Unidas, que lanza un fuerte llamamiento a de la necesidad de eliminar los desperdicios y la destrucción de los alimentos.
Cuando hablamos de medio ambiente, de la creación, mi pensamiento se dirige a las primeras páginas de la Biblia, al Libro del Génesis, donde se afirma que Dios puso al hombre y a la mujer en la tierra para que la cultivaran y la cuidaran (cf. 2:15).
Y me pregunto: ¿Qué significa cultivar y cuidar la tierra? ¿Realmente estamos cultivando y resguardando lo creado?, ¿o lo estamos explotando y descuidando? El verbo "cultivar" me recuerda la atención que el agricultor tiene por su tierra, para que dé frutos, y éstos sean compartidos: ¡cuánta atención, pasión y dedicación!
Cultivar y cuidar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al principio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; significa hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos.
Y Benedicto XVI ha recordado en varias ocasiones que esta tarea, confiada a nosotros por Dios Creador, requiere que se capte el ritmo y la lógica de la creación. Nosotros, en cambio, a menudo llevados por la soberbia del dominio, del poseer, de manipular, de explotar; no, no "custodiamos la creación", no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que debemos cuidar. Estamos perdiendo la actitud de la admiración, de la contemplación, de la escucha de la creación; y por lo tanto ya no somos capaces de leer lo que Benedicto XVI llama "el ritmo de la historia de amor entre Dios y el hombre." ¿Por qué sucede esto? Porque pensamos y vivimos de una manera horizontal, nos hemos alejado de Dios, no leemos sus signos.
Pero "cultivar y cuidar" incluye no sólo la relación entre nosotros y el medio ambiente, entre el hombre y la creación, sino que comprende también las relaciones humanas.
Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente vinculado a la ecología ambiental. Estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. ¡La persona humana está en peligro! – esto es cierto ¡hoy la persona humana está en peligro! ¡He aquí la urgencia de la ecología humana!
Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología. La Iglesia lo ha subrayado tantas veces. Y muchos dicen: sí es justo, es verdad... pero el sistema sigue como antes, porque las que dominan son las dinámicas de una economía y de una finanza que carecen de ética.
El que manda hoy no es el hombre, es el dinero, el dinero. El dinero manda.
Dios, nuestro Padre ha dado la tarea de custodiar la tierra, no el dinero. Sino de custodiarnos, a los hombres y las mujeres. Tenemos este deber. Por lo tanto, hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos de la ganancia y del consumo: es ‘la cultura del descarte’.
Si se estropea un ordenador es una tragedia, pero la pobreza, las necesidades y los dramas de tantas personas acaban entrando en la normalidad... Si una noche de invierno, aquí cerca - en la plaza Ottaviano, por ejemplo, muere una persona, esa no es una noticia. Si en tantas partes del mundo hay niños que no tienen qué comer, esa no es una noticia, parece normal. ¡Esto no puede ser! Y estas cosas entran en la normalidad.
Que algunas personas sin techo se mueran de frío en la calle, no es noticia. Por el contrario, por ejemplo, una bajada de diez puntos en las bolsas de algunas ciudades, eso sí se vuelve una tragedia. La persona que muere no es noticia, pero si las bolsas bajan diez puntos, es una tragedia. De este modo, las personas son descartables, nosotros las personas somos descartables, como desechos.
Esta "cultura del descarte" tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todos. La vida humana, la persona ya no se perciben como un valor primordial que ha de ser respetado y protegido, especialmente si son pobres o discapacitados, si aún no sirve -como el niño que está por nacer- o ya no es necesario -como los ancianos.
Esta cultura del descarte nos ha hecho insensibles incluso a los desperdicios, a los residuos de los alimentos, que es aún más despreciable, cuando en todo el mundo, por desgracia, muchas personas y familias sufren hambre y desnutrición. En el pasado, nuestros abuelos eran muy cuidadosos de no tirar nada de los restos de comida.
El consumismo nos ha habituado tanto a lo superfluo y al desperdicio de la comida diaria, que a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va mucho más allá de los simples parámetros económicos.
¡Recordemos bien, sin embargo, que la comida que se tira es como si fuera robada de la mesa de los pobres y de los hambrientos! Invito a todos a reflexionar sobre el problema del desperdicio y del derroche de los alimentos y buscar los medios que, abordando seriamente esta problemática, sean un vehículo de solidaridad y de compartir con los más necesitados.
Hace unos días, en la fiesta del Corpus Christi, hemos leído la historia del milagro de los panes: Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces. Y la conclusión del pasaje es importante: " Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas". (Lc 9:17) ¡Jesús pide a sus discípulos que no se pierda nada: que no haya desperdicios!
Y hay este hecho de las doce cestas: ¿Por qué doce? ¿Qué quiere decir esto? Doce es el número de las tribus de Israel, simbólicamente representa a todo el pueblo. Y esto nos explica que cuando la comida se comparte de manera justa, solidaria, no se priva a nadie de lo necesario, cada comunidad puede satisfacer las necesidades de los más pobres. La ecología humana y la ecología ambiental caminan juntas.
Quisiera, pues, que tomásemos todos el serio compromiso de respetar y proteger la creación, de estar atentos con todas las personas, de contrarrestar la cultura de los desperdicios y de descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro. ¡Gracias! (aplausos)
Enlace a la noticia: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=29559
499 “Hay que dejarse amar por Dios”
por siena
Homilía del Papa Francisco / www.zenit.org / viernes 7 de junio de 2013
Dejarse amar por el Señor con ternura es difícil, pero es lo que tenemos que pedirle a Dios. Esta fue la invitación del papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta coincidiendo con la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.
Concelebró el archivero y bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, arzobispo Jean-Louis Bruguès, y el prefecto, monseñor Sergio Pagano, mientras acompañaron parte del personal del Archivo Secreto Vaticano.
Jesús nos amó tanto, no con palabras sino con hechos y con su vida. El papa lo repitió varias veces en la homilía de hoy, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que él llama "la fiesta del amor", de un "corazón que ha amado tanto". Un amor que, como repetía San Ignacio, "se manifiesta más en las obras que en las palabras" y que es especialmente "más un dar que recibir".
Bases del amor de Dios
"Estos dos criterios --destacó el papa--, son como los pilares del amor verdadero", y es el Buen Pastor el que representa en todo el amor de Dios. Él conoce a sus ovejas una a una, "porque el amor no es amor abstracto o general: es el amor hacia cada uno".
"Un Dios que se hace cercano por amor, camina con su pueblo, y este caminar llega a un punto que es inimaginable. Nunca se puede pensar que el mismo Señor se hace uno de nosotros y camina con nosotros, se queda con nosotros, permanece en su Iglesia, en la Eucaristía sigue presente, sigue estando en su Palabra, permanece en los pobres, se queda con nosotros para caminar. Y esta es la cercanía: el pastor cerca de su rebaño, cerca de sus ovejas, que las conoce una por una".
Explicando todavía un pasaje del libro del profeta Ezequiel, Francisco pone de relieve otro aspecto del amor de Dios: el cuidado de la oveja perdida y por aquella herida y enferma:
"¡La ternura! Pero si el Señor nos ama tiernamente. El Señor sabe aquella hermosa ciencia de las caricias, aquella ternura de Dios. No se ama con las palabras. Él se acerca --cercanía--, y nos da aquel amor con ternura. ¡Cercanía y ternura! Estos dos estilos del Señor que se hace cercano y da todo su amor con las cosas aún más pequeñas: con la ternura. Y este es un amor fuerte, porque la cercanía y la ternura nos hacen ver la fortaleza del amor de Dios".
Llamados a amar
"Pero ¿ustedes aman como yo los he amado?", fue esta la pregunta que se plantea el papa, haciendo hincapié en cómo el amor debe "hacerse cercano al projimo", debe ser "como el del buen samaritano", y en particular, en el signo de la "cercanía y la ternura".
¿Pero cómo devolver todo este amor al Señor? Este fue el otro punto en el que se detuvo Francisco: sin duda "amándolo", hacerse "cercano a Él", "tierno con Él", pero esto no es suficiente:
"Esto puede sonar como una herejía, ¡pero es la verdad más grande! Más difícil que amar a Dios es dejarse amar por Él! La manera de devolver tanto amor es abrir el corazón y dejarse amar. Dejar que Él esté cerca de nosotros y sentirlo cerca. Permitirle que sea tierno, que nos acaricie. Eso es muy difícil: dejarse amar por Él. Y esto es quizás lo que debemos pedir hoy en la misa: "Señor, yo quiero amarte, ¡pero enséñame la difícil ciencia, el difícil hábito de dejarme amar por Tí, de sentirte cercano y tierno!. Que el Señor nos dé esta gracia".
Enlace a la noticia: http://www.zenit.org/es/articles/hay-que-dejarse-amar-por-dios
499 Un alcalde francés se niega a casar a dos hombres
por siena
Noticia/ www.elmundo.es / viernes 7 de junio de 2013
Jean-Michel Colo, un alcalde derechista de la localidad de Arcangues(Pirineos Atlánticos, suroeste) se ha negado a casar a una pareja homosexual, alegando que la nueva ley del matrimonio para todos es la "ilegítima".
Colo, que lleva en su cargo 31 años, anunció su decisión en el 'Diario del País Vasco'. "He recibido una solicitud, pero informé al prefecto de que no íbamos a celebrar ningún matrimonio gay en Arcangues", dijo al periódico. De hecho, confirmó que había rechazado hacer una boda entre dos hombres a finales de mayo.
El alcalde, de 60 años, dijo que sus seis diputados respaldaron su posición. Técnicamente, según él, no es que se haya negado a cumplir la ley, sino que se trata sólo de una falta de aplicación de todos los poderes del ejecutivo municipal en materia de estado civil.
Por el contrario, según el Código Penal, el alcalde podría ser condenado por discriminación a tres años de prisión y 45.000 euros de multa.
La decisión fue impugnada por la asociación local para la defensa de los gays y las lesbianas. La asociación también anunció que iba a escribir a los Ministros del Interior, Manuel Valls, y Justicia, Christiane Taubira.
Enlace a la noticia: http://www.elmundo.es/elmundo/2013/06/07/internacional/1370617227.html?a=93c0110d46ec09d9363cf72b06790d6e&t=1370624008&numero
499 Ley para evitar el matrimonio gay en Nigeria
por siena
Artículo de Eugene oHu (Lagos, Nigeria) / www.aceprensa.com / viernes 7 de junio de 2013
El 30 de mayo, la Cámara de Representantes de Nigeria ratificó un proyecto de ley que prohíbe el matrimonio entre personas del mismo sexo y toda manifestación pública de tales uniones. Los infractores pueden incurrir en penas de hasta 14 años de cárcel. Los testigos o quienes presten apoyo al asistir a tales ceremonias pueden ser condenados con penas de hasta 10 años. El Senado ya aprobó un proyecto similar en noviembre de 2011. Ahora solo falta la firma del presidente Goodluck Jonathan.
Una abrumadora mayoría de nigerianos está a favor de esta ley, y muchos han dado un suspiro de alivio al verla aprobada. En diferentes foros, el presidente del Senado, David Mark, reveló que ha habido presiones abiertas y sutiles de otros países, especialmente Estados Unidos y Gran Bretaña, para que no se aprobara el proyecto. Cuanto más se retrasaba su tramitación en la Cámara Baja, más temían los nigerianos que sus legisladores fueran a incumplir su compromiso.
En el contexto de la reciente aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en Francia, el “progreso” aparente en la vecina Sudáfrica y el viento de cambio en el resto del mundo, muchos se preguntan por qué Nigeria, uno de los países más poblados de África, su mayor productor de petróleo y el país con uno de los crecimientos más rápidos del PIB, decide ser “retrógrado” en este punto. No hay por qué maravillarse. El hecho es que los nigerianos ven a los países favorables al matrimonio homosexual como retrógrados y –por decirlo suavemente– no muy racionales, ya que han decidido abandonar el sentido común.
Los valores africanos
Los nigerianos copian mucho. Copiaron el sistema legal británico, copian estilos de moda del extranjero, sus cantantes imitan en gran parte a las estrellas del pop americano y a los raperos (aunque la música nacional es muy popular), pero parece que saben dónde está el límite: donde comienzan sus “valores africanos” (es decir, a falta de un nombre mejor, las normas morales, que, en cuanto expresión de lo que nos hace humanos, no es necesario cambiarlas para adaptarse y ser “progresista”).
Los africanos no tienen miedo de usar la palabra “tabú”, que en otras latitudes podría interpretarse como dogmatismo intolerante. Para nosotros, es la afirmación de que el relativismo y la libertad no son absolutos y que el hombre debe ejercer el autocontrol, sin dejarse llevar simplemente por los impulsos.
Los nigerianos apoyan el proyecto de ley contra el matrimonio gay porque consideran que es una exigencia moral, y al ver la ola de “locura” que hay en todo el mundo, con tanto político haciendo del matrimonio homosexual una promesa electoral, los nigerianos temen que la avalancha pueda arrollarles, y han preferido adelantarse.
La homosexualidad siempre ha sido tabú en Nigeria, y los nigerianos quieren que siga siéndolo. Algunos defensores de las uniones homosexuales, en su intento de encontrar fisuras jurídicas, argumentan que el reciente proyecto de ley es una duplicación innecesaria de las leyes vigentes que sancionan el matrimonio como solo la unión entre un hombre y una mujer. Pero los legisladores saben que hacer una ley específica sobre este tema, en vez de depender de una ley genérica antigua, será más eficaz para cortar de raíz cualquier experimento e importación indeseada de otros países.
Frente a imposiciones externas
Un proyecto de ley de esta naturaleza ofrecerá un chivo expiatorio a los que están acostumbrados a pensar en los africanos como bárbaros. Pronto habrá rumores infundados de personas que fueron quemadas en la hoguera a causa de su orientación sexual. Se herirán susceptibilidades y sensibilidades, sobre todo en un mundo que ahora opera a través de una brújula moral diferente.
Pero los africanos no son insensibles a la protección de los derechos humanos. Las naciones siempre han afirmado su independencia y han tratado de protegerla contra agentes externos que podrían imponer sus criterios. También EE.UU., para defender su soberanía, se niega a someterse a la Corte Penal Internacional de La Haya. Nadie se lo reprocha. Del mismo modo, los africanos en su mayoría consideran la homosexualidad como una aberración. Aunque respetamos a la gente con esta orientación, seguimos pensando que es una aberración.
El gobierno de Nigeria dice que si uno no puede mantener estas tendencias dentro de los confines de la vida privada, o mejor aún, si no consigue dominarlas y no mostrarlas en público, puede ir a la cárcel.
¿Es duro? Sí. ¿Intolerante? No. La cárcel está para los que no respetan las normas sociales. ¿Es la homosexualidad un delito o un trastorno genético? No podemos discutirlo aquí, pero parece que los nigerianos creen que la genética y el destino no tienen nada que ver con eso, sino más bien una falta de autocontrol.
Enlace a la noticia:
http://www.aceprensa.com/articles/ley-sobre-el-matrimonio-gay-en-nigeria-para-evitarlo/




03/06/13 06:18:00 pm, 
