462 El catastrofismo, una ideología que explota el miedo
por siena
Comentario en Aceprensa / fuente: www.city-journal.org /viernes 11 de mayo de 2012
Pascal Bruckner es un ensayista francés, autor de libros que examinan de modo crítico tópicos y actitudes arraigadas en las sociedades occidentales contemporáneas. Algunas de sus obras son La tentación de la inocencia, La tiranía de la penitencia, La euforia perpetua.
Es fácil constatar, dice Bruckner en City Journal, la expansión de una mentalidad catastrofista, particularmente intensa en los medios de comunicación. Junto con la predicción de grandes desastres, se propaga el miedo: miedo “al progreso, a la ciencia, a la demografía, al calentamiento global, a la tecnología, a la alimentación”. La gente se sobrecoge cuando se nos dice que “en cinco o diez años, la temperatura aumentará, la Tierra se convertirá en un lugar inhabitable, se multiplicarán los desastres naturales; el clima nos llevará a la guerra y las centrales nucleares explotarán”.
La ideología de la catástrofe
Según Bruckner, se ha producido un cambio de paradigma, lo que explica que también los líderes políticos, los científicos y los intelectuales se sientan apresados por esta nueva mentalidad apocalíptica: la era de las revoluciones técnicas ha sido sustituida por la del pesimismo y la culpabilidad.
La ideología de la catástrofe ha tomado, desde el final del siglo pasado, el lugar que había ocupado el dogma ilustrado del progreso. Pero ¿cuáles son las razones de este cambio? El catastrofismo no opera identificando a partes culpables, sino que generaliza la responsabilidad por el futuro de la Tierra: la culpa es, pues, “de la humanidad, en su voluntad de dominar el planeta”.
El ecologismo catastrofista, dice Bruckner, sintetiza tanto la crítica marxista al capitalismo como el complejo antioccidental que, tras el colonialismo, ha pedido cuentas a las sociedades desarrolladas por la esclavitud y la explotación imperialista. Ese ecologismo exacerbado, heredero de la tradición anticapitalista, “ha convertido al planeta en el nuevo proletariado que debe ser salvado de la explotación, incluso si fuera necesario reduciendo el número de seres humanos”.
Como ejemplo, Bruckner alude a James Lovelock y algunos movimientos que entienden la reproducción humana como atentado contra la naturaleza. La Tierra se concibe como un gran organismo vivo y el género humano queda reducido a una suerte de infección que hay que erradicar.
La dinámica de la propaganda apocalíptica
Esta ideología ha calado también en las preocupaciones cotidianas de los individuos. Las personas sienten inquietud por el futuro de la naturaleza y el hombre. ¿Pero es real y profunda esta preocupación? Bruckner sostiene que el “temor se convierte en una profecía autocumplida, gracias precisamente a su cobertura mediática (…) porque, como si se tratara de una caja de resonancia, las encuestas públicas solo reflejan la opinión promulgada por los mismos medios”.
La proliferación de imágenes desoladoras puede, sin embargo, provocar cierto efecto calmante. Ello explica la necesidad de recurrir, cada vez con mayor frecuencia, “al uso de una retórica extrema, incluyendo un número sorprendente de analogías con el Holocausto”. Otra estrategia utilizada por el discurso catastrofista es “la corrección retroactiva, que consiste en acumular una cantidad importante de noticias dramáticas y entonces, más tarde, moderarlas con un poco de esperanza, ofreciendo una vía de escape al público estupefacto”.
Un futuro resignado y sin esperanza
El discurso apocalíptico no escapa, en cualquier caso, a ciertas contradicciones. “La certeza de las profecías –escribe Bruckner– provoca que sus efectos sean de corta duración. El lenguaje del miedo no incluye la palabra ‘quizás’. Se nos dice, más bien, que el horror resulta inevitable (…) Esta es la paradoja del miedo: en última instancia es tranquilizador. Por lo menos sabemos hacia dónde nos encaminamos: hacia lo peor”.
A diferencia de las profecías religiosas, el catastrofismo cierra la puerta a toda esperanza. Una consecuencia de ello es la sospecha de que “las innumerables casandras que profetizan a nuestro alrededor no tienen tanto la intención de advertirnos como de condenarnos (…) En una sociedad laica, un profeta no tiene otra función que la indignación”, pero escapa a sus propósitos el alertarnos con un futuro mejor. “No hay promesa alguna de redención”, concluye Bruckner.
Pero subrayar la inevitabilidad de un futuro devastado “trae consigo la petrificación. El temblor que quieren promover no tiene ningún efecto (…). En lugar de alentar la resistencia, se propaga el desánimo y la desesperación. La ideología de la catástrofe se convierte en un instrumento de resignación política y filosófica”.
Buenas noticias en medio del desastre
Bruckner no se opone a la preocupación por el medio ambiente, que considera necesaria, sino a los mensajes que anuncian la proximidad del fin de la humanidad. Para contrarrestar ese pesimismo, enumera “algunas buenas noticias de los últimos veinte años: la democracia está avanzando lentamente, más de mil millones de personas han salido de la pobreza extrema, ha aumentado la esperanza de vida en la mayoría de los países, hay cada vez menos guerras y muchas enfermedades graves han sido erradicadas”.
El catastrofismo es una ideología o prejuicio característicamente occidental, relacionado con el sentimiento de culpabilidad que paradójicamente ha engendrado el éxito de nuestras sociedades. Por eso mismo, “es probable que las sociedades no occidentales reciben nuestra profesión de fe ecologista con cortés indiferencia. Miles de millones de personas buscan el crecimiento económico, con toda la contaminación que conlleva, para mejorar su condición. ¿Quiénes somos nosotros para negárselo?”.
Enlace a la noticia: http://www.aceprensa.com/articles/el-catastrofismo-una-ideologia-que-explota-el-miedo/
462 El laicismo radical de Francois Hollande
por siena
Noticia / www.aceprensa.com / martes 8 de mayo de 2012
A lo largo de la campaña electoral francesa no han faltado referencias a cuestiones relativas a la familia y a la educación, como también a los cuidados paliativos y la eutanasia, sin olvidar los derechos de los homosexuales. Pero los dos principales candidatos supieron esquivar los puntos más delicados.
De hecho, cuando los periódicos publicaban en vísperas del voto definitivo cuadros con las diferencias entre Sarkozy y Hollande en cuestiones cruciales, no incluían la política familiar ni la postura del Estado ante el hecho religioso. Ambas han sido muy debatidas en Francia en los últimos meses, sobre todo, como consecuencia de la creciente presencia pública del Islam, la segunda religión de Francia.
Ya al final de la campaña, el diario Le Monde (3-05-2012) publicó un expresivo artículo, que resumía el apoyo a Hollande de personalidades laicistas conocidas, como la “misionera del laicismo” Caroline Fourest (así se ha firmado ella alguna vez). El apoyo respondía a la carta que el entonces candidato dirigió al conjunto de asociaciones reunidas en el Comité nacional de acción laica (CNAL), con fecha 16 de abril.
La línea anunciada por François Hollande es radicalmente opuesta a la llamada laicidad positiva practicada por Nicolas Sarkozy. Se propone constitucionalizar los dos primeros artículos de la ley de separación de Iglesia y Estado de 1905, comenzando por aplicarla sin admitir excepción alguna, de las muchas que se han ido promulgando a lo largo de los años como consecuencia de necesidades obvias: por ejemplo, la construcción de un cementerio municipal sólo para musulmanes en Estrasburgo, realizada por un alcalde socialista…
Posibles conflictos con la enseñanza concertada
El nuevo presidente francés se jacta de no haber instrumentalizado a ninguna religión en su campaña. Excepto –se podría matizarle– a la del fundamentalismo laicista. Su carta al CNAL, de tres páginas, no tiene desperdicio. En concreto, se compromete a rehacer los decretos y circulares de aplicación de la ley Carle de 2009, que, bajo condiciones precisas, obliga a los ayuntamientos a pagar los gastos de escolaridad de un alumno de su municipio incluso si acude a un establecimiento no público de otra ciudad. De esta medida se benefician actualmente unos 250.000 estudiantes.
En ese documento afirma que derogará el decreto, también de 2009, sobre reconocimiento de los títulos otorgados por los Institutos universitarios católicos de enseñanza superior en Francia, en virtud de un acuerdo pactado con el Vaticano. En pasant, parece también decidido a someter a un “imperativo de ‘mixité (scolaire)’ a las dotaciones de los centros, ‘comprendidos los de la enseñanza privada’”. Como era previsible, la creación en cinco años de 60.000 puestos docentes –¿será posible financiarla?– afectará sólo a escuelas públicas, no al equivalente a los centros concertados, en su gran mayoría católicos.
Si el jacobinismo real de Hollande –oculto tras una imagen de normalidad– le lleva a un arcaico laicismo, puede darle alas también para reformar el Código de Napoleón. No se atrevieron a tanto François Mitterrand ni Lionel Jospin. En su programa figura reconocer las uniones homosexuales como matrimonio, con el correspondiente derecho de adopción, y una ley de eutanasia.
Como informó La Croix el 2 de mayo, al tener conocimiento de esa carta de Hollande, responsables católicos tomaron contacto con miembros del equipo de Hollande. Les recordaron que “la ley Carle fue un compromiso alcanzado para preservar la paz escolar y superar un viejo conflicto. La supresión pondría en peligro el equilibrio financiero de cierto número de centros católicos”.
Por su parte, la presidente de la Asociación de padres de alumnos de la enseñanza libre (Apel), Béatrice Barraud, envió a sus miembros un mensaje para advertirles que veía un serio “peligro de esta libertad fundamental que es la libertad de enseñanza”. En la mente de los mayores, surge el recuerdo de la magna manifestación en París contra Ley Savary el 24 de junio de 1984, tres años después de la elección de François Mitterrand, que sirvió justamente para frenar la deriva autoritaria del primer presidente socialista.
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462 La religión puede sernos de gran utilidad e inspiración a los que no creemos en Dios
por siena
Entrevista a Alain de Botton / www.elmundo.es / sábado 5 de mayo de 2012
LUGAR DE NACIMIENTO: Zúrich (Suiza) / EDAD: 42 años / FORMACIÓN: Historia en Cambridge y Filosofía en el King’s College / OCUPACIÓN: Filósofo y escritor, autor de ‘Religión para ateos’ y ‘La ansiedad del estatus’ / AFICIONES: La fotografía, la arquitectura, los viajes / SUEÑO: Contribuir a un mundo mejor / CREDO: Ateo tolerante
En casa del ateo, capilla gótica... Alain de Botton confiesa que pocas cosas le inspiran tanto como las ojivas de la King’s College Chapel de Cambridge, inmortalizada en una fotografía gigante que cuelga a sus espaldas mientras hablamos de lo divino y de lo humano en su oficina al norte de Londres... A sus 42 años, el filósofo más leído del mundo se desmarca con una lección de tolerancia titulada Religión para ateos (RBA), en la que propone un puente hasta ahora imposible entre «laicos» y creyentes. De Botton arremete contra el ateísmo «macho» de Richard Dawkins que ha dominado el debate en el Reino Unido y defiende una aproximación más respetuosa (casi reverencial) hacia el fenómeno religioso.
Descendiente de judíos sefardíes, víctimas de la intransigencia católica, De Botton reconoce que tuvo la relativa ventaja de ser educado en el ateísmo, de ahí su curiosidad por todo lo que rodea a Dios. Incansable conversador, implacable observador del mundo moderno, el autor de La ansiedad del estatus y de Las consolaciones de la filosofía se adentra en un terreno resbaladizo, aun a riesgo de ganarse el anatema de los no creyentes.
A usted no le duele reconocer que Dios no existe...
Efectivamente, no creo en Dios. Pero nada más lejos de mi intención que dedicar un libro de 300 páginas a probar su no existencia. Respeto mucho a los creyentes. Es más, me indigna la actitud intransigente de ciertos ateos. Lo que propongo es dejar de lado la fatídica pregunta –¿existeDios?– e intentar responder a otros temas más interesantes.
Entre los ateos hay varios grados, ¿en dónde se sitúa usted exactamente?
Digamos que soy ateo tolerante. Tengo simpatía, curiosidad y aprecio por las personas religiosas. No estoy aquí para ofenderles ni para ejercer algún tipo de venganza. Normalmente la palabra ateo tiene esa connotación negativa: alguien que viene a atacar la religión. Eso nome interesa.
¿Se refiere usted a Richard Dawkins, el autor de El espejismo de Dios?
Dawkins ha llevado el ateísmo a un callejón sin salida. Es un hombre cerrado e intransigente. Para él, cualquier persona religiosa no está en sus cabales. Dawkins representa para mí un ateísmo macho, arrogante y opresivo. Me dan ganas de preguntarle: «¿Acaso no es usted humano y tiene dudas?».
¿Le gustaría medirse a él en un debate, como el que recientemente protagonizó con el arzobispo de Canterbury Rowan Williams?
Por supuesto, estoy abierto a un debate con Dawkins. Como científico, su postura me parece contradictoria. La ciencia siempre se hace preguntas, no puede ser dogmática.
¿Es la ciencia la nueva religión?
Eso parece, sobre todo cuando adopta posiciones de intransigencia. La ciencia, al estilo de Dawkins, corre el riesgo de reducir el mundo a una dimensión mecanicista. Los científicos tienen que admitir que los hombres no somos máquinas, que no nos comportamos siempre de un modo racional y que nos movemos por esperanzas, deseos, miedos... En ese sentido, la ciencia nunca reemplazará a la religión o al arte. A veces necesitamos consuelo, no sólo explicaciones.
Hay científicos que consideran la religión como un producto de nuestra evolución como especie...
Son teorías muy útiles que explican el nacimiento del hecho religioso, algo común a casi todas las culturas. Corremos, sin embargo, el riesgo de dar también una interpretación muy mecanicista a la teoría de Darwin. La meta última de la evolución no debería ser simplemente la supervivencia de la especie; por suerte, la vida es más interesante.
Con Chris Hitchens, el fallecido autor de Dios no es bueno, también tuvo usted sus más
y sus menos...
Podemos partir del hecho de que hay un millón de cosas terribles que han hecho las religiones. Pero no podemos quedarnos ahí, como hizo Hirchens, apuntando con su bazooka a Dios. Si viviéramos en estados teocráticos como Arabia Saudí o Irán tal vez sí. Pero la Inquisición ya quedó atrás. La Iglesia anglicana ya no es un tigre, sino más bien un gatito en este mundo secular. Y la Iglesia católica no tiene ya el poder que tenía. Con esto no digo: vamos a ocultar el mal que han hecho las religiones. Al contrario, vamos a admitirlo y a ponerlo en una balanza junto a lo bueno.
Usted proviene de sefardíes, forzados a dejar España por la intransigencia religiosa...
Mis ancestros son efectivamente del pueblo de Botón, que ya no existe. Mi familia emigró a Venecia, y luego a Turquía y Egipto... Fue una tragedia que España, el primer país multicultural de la historia moderna con judíos, árabes y cristianos conviviendo en Toledo, cometiera aquel grave error.
Pese a sus orígenes, usted creció en una familia laica. ¿Hasta qué punto esa educación ha influido en su visión de la religión?
Sí, crecí en una familia judía laica y atea, en la que la religión no existía. Me eduqué en Suiza y en luego en Inglaterra, pero nunca fui a un colegio religioso, ni conocí de cerca a un cura o un rabino. La religión para mí era algo que existió en el pasado. Admito que esto es un poco raro de confesar: la gente de mi generación ha crecido por lo general en alguna tradición religiosa. A mí no me ha traumatizado la religión, tengo esa ventaja.
¿Y qué le diría a la gente que reniega de la religión por el adoctrinamiento que recibió en su infancia?
Me gustaría invitarles a una conversación. Les diría: aceptemos que se han cometido horrores en el nombre de la religión. Muchos de los preceptos son rígidos, intolerantes y absurdos. Pero vamos a separar lo bueno de lo malo. Veamos la religión como un buffete de cosas que queremos y no queremos. Mi intención no es convertir ateos, sino hacerles ver que aun no creyendo en Dios hay elementos religiosos que nos pueden ser de gran utilidad e inspiración en la vida secular.
Imagine un mundo sin religión... (John Lennon)
Cuesta imaginarlo, la verdad. Incluso sin religión, necesitaríamos tomar muchas cosas prestadas de ella: rituales, códigos morales, espíritu comunitario, arte, arquitectura...
Quédese con una...
Me quedaría seguramente con el arte, con una iglesia gótica o con una cantata de Bach. Puedo confesar que la cultura se ha convertido en mi religión.
¿Hasta el punto de querer levantar un templo para ateos en el centro de Londres?
Bueno, esa es una idea que he lanzado y que ha cosechado apoyos, pero no sé si algún día se llegará a construir algo así.
Uno de sus argumentos a favor de un templo para ateos es el de dar perspectiva al ser humano...
Los grandes templos nos despiertan reverencia porque nos recuerdan nuestro lugar en el mundo. La religión nos remite a algo superior y nos hace ver nuestra auténtica dimensión. La sociedad secular lo reduce todo a nosotros y ha permitido que el ego humano sea demasiado grande. Tenemos a los humanos, y luego tenemos los fenómenos y los recursos naturales, que los usamos a nuestro antojo, para conseguir petróleo,materias primas... Así llegamos a una visión instrumental de la naturaleza y no a una visión respetuosa. Esa es la receta para un perfecto desastre ambiental.
Usted revindica curiosamente el «pesimismo» de la religión...
Uno de mis pasajes favoritos de la Biblia es el Libro de Job, cuya moraleja es precisamente que a la gente buena le ocurren cosas malas, sin que exista una explicación aparente. Es parte de la fragilidad humana: suceden cosas trágicas contra la que muchas veces no nos podemos rebelar. No nos queda más remedio que saber aceptarlas. La sociedad laica ha sido, sin embargo, excesivamente optimista. En el nombre del progreso, ha puesto una terrible presión sobre los humanos para ser superiores, y eso ha creado un gran estado de ansiedad.
Otro de sus argumentos es el poder de la religión para crear comunidad. ¿No cree que la sociedad laica ha suplantado a su manera ese vacío con las redes sociales?
La religión une de una manera a la que nunca podrá aspirar Facebook. La unidad la suele crear sobre todo la proximidad a la parroquia. Siempre cabe la posibilidad de que se siente a tu lado un extraño y que, llegado el momento, le tengas que tender la mano o darle un abrazo. Esos lazos espontáneos de afecto no los verás en el mundo secular.
Nos vamos adentrando por cierto en el terreno filosófico. Últimamente se habla mucho
de la moralidad, sobre todo en el contexto de la desigualdad económica...
Uno de los principios comunes a casi todas las religiones es el de ejercitar nuestro sentido moral. En el mundo laico nos ejercitamos físicamente: vamos al gimnasio, hacemos jogging, o en todo caso yoga. Las religiones te ejercitan a otro nivel más profundo y te recuerdan que hay que ser más humilde, más generoso, más amable... Dejemos de lado la noción de pecado, de castigo divino o de fe en otra vida. Lo cierto es que las religiones ayudan a contener nuestros impulsos egoístas y nos dan un mensaje así de simple: «Es bueno ser bueno».
No hace falta ser religioso para llegar a esa conclusión...
Efectivamente, uno puede ser ateo y pensar lo mismo. Por eso insisto en que los creyentes y los no creyentes tenemos mucho más en común de lo que podemos pensar.
¿Hasta qué punto la filosofía puede ser un buen sustituto de la religión?
La filosofía nos puede consolar también a un nivel muy profundo. Yo no lo veo como sustituto sino como complemento. Y la idea es la misma: en vez de jurar fidelidad eterna a un filósofo, lo mejor es servirse a placer en el increíble menú de sabiduría acumulada durante siglos.
¿Nietzsche para tiempos difíciles? Muchos no le perdonan por haber dicho aquello de «Dios ha muerto»...
Nietzsche fue un adelantado a su tiempo y tuvo una proverbial habilidad para condensar sus ideas en aforismos. Pero sí, Nietzsche, por su propia experiencia vital, puede ser una maestro para estos tiempos que corren. Su mensaje de fondo, ante el peor de los contratiempos, es seguir creyendo en lo que uno quiere, aunque no lo tenga y es posible que nunca lo llegue a tener.
¿No ha llegado acaso la hora de dejar atrás a Epicuro y resignarnos con Séneca?
R.– Sí, Séneca es también una medicina perfecta para tiempos de gran incertidumbre e inestabilidad. Pero Séneca es ante todo un filósofo con los pies en la tierra, no un monje asceta. Se codeaba con los políticos y con los ricos de su tiempo, no se limitaba a celebrar la austeridad y la pobreza. Su mensaje es «el dinero y el poder están bien, siempre y cuando tengas el control y no te vuelvas dependientes de ellos». El estoicismo es una filosofía dura, realista, con su punto de pesimismo y aceptación.
¿Nos resignamos pues a esta era de ansiedad económica y social?
Los niveles de ansiedad se exacerban cuando la economía va mal. La sociedad hiperconectada en la que vivimos ha hecho incluso que esta sensación vaya a más. El mundo se ha convertido en una superciudad; la colmena humana está en todos los sitios. Y hemos creado una economía que en vez de generar cohesión está dividiendo cada vez más la sociedad entre ganadores y perdedores.
Enlace a la noticia: http://elmundo.orbyt.es/2011/08/11/orbyt_en_elmundo/1313077156.html
462 Mentes del futuro. [De la velocidad a la dieta digital y al elogio de la lentitud reflexiva y sosiego]
por siena
Crítica literaria de Miguel Ángel Sánchez de la Nieta / www.aceprensa.com / miércoles 2 de mayo de 2012
Autor: Richard Watson. Editorial Viceversa. Barcelona (2011).
227 págs.16 €.Traducción: Manuel Manzano.
Resultan de interés sin duda los ensayos que se detienen a analizar los efectos culturales de la revolución digital. Este de Richard Watson es quizá uno más entre esos ensayos, si bien su relevancia se apoya en la cuidada y amplia documentación de informes provenientes de universidades y centros de análisis anglosajones. El autor es un gurú de la previsión estratégica y del diseño de escenarios futuros. En su libro describe la situación actual y prevé un futuro protagonizado por generaciones descreenagers, digitales nativos que han nacido y están creciendo en la cultura de la pantalla.
Watson no es de esos que tan solo asustan describiendo apocalípticos escenarios de estupidez y frivolidad cibernética. Su preocupación por las carencias que conlleva ese hábitat cultural, que está renovando la “instalación eléctrica de nuestros cerebros”, no concluye en el mero diagnóstico de la enfermedad. Aconseja un tratamiento inteligente y práctico basado en la “dieta digital” y en un elogio decidido de la lentitud reflexiva y el sosiego.
A lo largo del libro queda claro que las tecnologías digitales no son malvados engendros. Como siempre ocurre, es el usuario el que las vuelve buenas o malas. Watson critica sobre todo las actitudes acomodaticias de quienes emplean las nuevas tecnologías desde la poltronería intelectual. Incluye entre ellos, por ejemplo, a aquellos que creen que la memoria es Google; a los que se cobijan en las redes sociales para ocultar sus deficiencias en el contacto humano; a quienes se gustan en el elogio fácil, omnipresente en las redes o que se contentan con fáciles explicaciones en un mundo informativo digital que ignora el contexto.
Original y sugerente es la idea de promover una dieta digital. Estará destinada a perder kilos de urgencias, distracciones y ansiedades propias del comportamiento hiper-comunicativo on line.
Pero no vale con eso: a la dieta baja en calorías hay que sumar el ejercicio de habilidades para gobernar serenamente la capacidad de atención, destrezas que son sin duda facilitadoras del pensamiento significativo. Quizá esta sea la principal virtualidad de la obra de Watson: presenta todo un abanico de medidas destinadas a hacer de los escenarios habituales, conquistados en los últimos tiempos por los aparatos tecnológicos, espacios para el pensamiento profundo.
Una de esas medidas es sin duda una cierta ascesis de desconexión digital, pero las recomendaciones de Watson van más allá: desde la organización de espacios arquitectónicos –hay que recuperar los porches, dice Watson, y no se refiere a los deportivos–, al replanteamiento de las rutinas propias del descanso –escucha música que nunca has oído, paséate por lugares nuevos y conversa con gente que no conoces–, pasando por la recuperación de los “terceros lugares” (terrenos intermedios que habitamos cada vez con más frecuencia y que no son ni el hogar ni el trabajo) para la práctica cualificada del arte de la conversación.
Enlace a la noticia: http://www.aceprensa.com/articles/mentes-del-futuro/
462 Crisis matrimonial de los 40: con 12 síntomas, 10 causas, 17 soluciones y 15 sentencias
por siena
Noticia / www.forofamilia.org / domingo 15 de abril de 2012
La crisis matrimonial del medio término suele ser una crisis de personalidad, que se produce entre los 35 y los 45 años y que coincide, algunas veces, con la mitad de la expectativa de vida para las personas, en la cual se produce una evaluación de la vida, en base a la comparación entre las metas fijadas y los logros obtenidos. También se le llama crisis de madurez, ya que de ella puede salirse, con una frustración o con un fuerte equilibrio, y un gran sentido del deber de la pareja, pues a partir de ese momento de análisis mutuo, pueden alcanzar una vida plena, fructífera, equilibrada, con un amplio y mayor sentido del deber, aunque los cambios y las actitudes hayan sido profundos, súbitos y violentos. La diferencia está en convertir esta etapa de crisis y frustración, en una etapa de esplendor futuro.
A las personas solteras, por voluntad propia o por otras circunstancias, también les puede llegar la crisis de los 40. Muchos de los síntomas, son los mismos que para las personas casadas. Si se ha dedicado intensamente los últimos años al trabajo, deben procurar cambiar su actitud, intentar relajarse, descansar con más frecuencia, viajar si no lo han hecho anteriormente y no rechazar la oportunidad de establecer, una relación amorosa que les motive y les haga vivir plenamente su madurez, porque tienen que pensar que la edad de los 40, es una buena época para renacer.
Las crisis pueden ocurrir por motivos personales, familiares, sociales, religiosos, políticos, económicos, militares, etc. Son las emergencias o las épocas de dificultades. Pero nos vamos a centrar en la crisis matrimonial de los 40.
No tienen que olvidar que, cuando decidieron unirse en matrimonio, tenían tres principales objetivos: Hacer muy feliz a su pareja, vivir juntos hasta que la muerte les separase, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad y formar una familia con sus hijos.
En un verdadero matrimonio, ambos tienen que aprender a desarrollar su vida conyugal, en todas sus manifestaciones, descubrimientos y vivencias físicas, afectivas, sexuales, intelectuales, sociales, económicas, culturales y espirituales. Este aprendizaje, les supone un esfuerzo para tratar de armonizarse y conjugar, lo que son cada uno y lo que aportan al matrimonio. Tienen que salir de estar con uno mismo, para compartir la vida con otra persona; se trata de establecer el marco, en el que se va a desarrollar la vida en común, para buscar la identidad del nosotros, haciendo desparecer el yo de cada uno. Se tienen que dar cuenta, que a esa edad y aunque aparezca una crisis matrimonial, también es el momento de demostrarse, que la promesa que se hicieron el día de su boda, era auténtica.
12 Síntomas de la crisis matrimonial de los 40 años
Estadísticamente en esa edad de los 35 a los 45 años, es en la que las separaciones y divorcios son más frecuentes. Es el paso del ecuador como en los estudios.
1. Se empieza a enfriar, el primer e intenso amor que les llevo al matrimonio, se resquebraja la unión familiar indispensable, para sacar adelante a los hijos y aparece la sensación, de que ya se ha cumplido con las metas matrimoniales.
2. Entonces comienzan a registrarse, las primeras e importantes limitaciones físicas, cambios emocionales y de conducta. Se entra en la frontera de la madurez, que algunos perciben como el principio de un tobogán, que se precipita hacia la vejez.
3. Es la época donde algunas parejas, se sienten atraídas por lo que existe fuera de su vida conyugal y familiar. Les entran las ganas de experimentar algo diferente, a lo que llevan haciendo desde que se casaron, salir de la rutina cotidiana. No deben engañarse, creyendo que todavía tienen atractivo, para ensayar nuevas conquistas amorosas.
4. Es una etapa donde, al hacer un balance económico, social y profesional, algunas parejas se dan cuenta que no han llegado, y muchas veces ni aproximado, a los objetivos que tuvieron cuando se casaron. No han logrado cumplir o plasmar, en la realidad de su matrimonio los sueños, pero los sueños, sueños son y otra cosa es la cruda realidad, de los ideales que tenían cuando se casaron.
5. Esa frustración y sentido de impotencia, por solucionar el problema, suele ser otro de los motivos de las crisis, en lugar de convertirse en un aliciente, para empezar una nueva vida. Ahora se dan cuenta, que han desperdiciado unos estupendos años de la vida, cuando el intelecto y el cuerpo, estaba en los mejores momentos de su máxima potencialidad. Hay desilusión por lo proyectos juveniles, que se han postergado. Pueden aparecer momentos de depresión y de ansiedad, debido a que existe una lucha muy dura, entre lo que se quiere hacer, lo que se debe hacer y lo que se puede hacer.
6. También aparecen los cambios físicos, que suelen ser deterioros corporales, los cuales dependerán en gran medida del estado de salud, de la alimentación y del ejercicio físico, que se haya realizado años antes. Existe una mayor tendencia a engordar, van apareciendo las primeras arrugas y el cabello se cae o se vuelve más canoso.
7. Aparece la preocupación por las enfermedades, comienzan los chequeos médicos y en algunas personas, se empieza una actitud hipocondríaca.
8. El concepto de belleza externa cambia, se aumenta la belleza interna, la armonía personal y la tranquilidad de espíritu, lo que origina que aparezca esa otra belleza, propia de la madurez, que nada tiene que ver con la ingenuidad, ni con la frescura corporal de los años jóvenes.
9. Comienza a sentirse el cansancio, motivado por todas las responsabilidades que se tiene, que cada vez pesan más, si no se han aceptado con madurez, responsabilidad y conocimiento.
10. Comienza a mantener una postura apática, ante el sexo con su pareja, ya que en el fondo, tiene miedo a la vejez y las consecuencias sexuales que ello conlleva, lo que pueden originar estados depresivos o de angustia, porque ya no se sienten jóvenes, ni atractivos sexual o físicamente como antes.
11. Aparecen sentimientos de desesperanza, ya que por un lado, los hijos comienzan a ser independientes y se alejan poco a poco, y por el otro lado, se tienen que enfrentar a la rutina matrimonial.
12. En el entorno laboral, aparece alguien a quien le dedican más tiempo y atención que el debido. Empiezan los coqueteos con otras personas, y las comparaciones con la pareja. Incluso cuando sin ninguna razón profesional, se pasa demasiado tiempo en el trabajo, o fuera del trabajo con los compañeros, justificando así la llegada a la casa a última hora, cuando los niños ya están durmiendo y todas las cosas familiares están ya resueltas.
10 causas que originan la crisis matrimonial de los 40 años
1. El dar por terminados los objetivos que ambos tenían en común, cuando todavía les queda tanto por hacer conjuntamente.
2. Perder el norte, que les servía para educarse y fomentar las convicciones, las virtudes y valores humanos, que les daban seguridad a la hora de actuar. Desgraciadamente, los han sustituido por actitudes materialistas, que les llevan a ver la vida bajo otros enfoques.
3. Considerar que sus tareas familiares, conllevan un exceso de responsabilidades, imposibles de sobrellevar y que el matrimonio, empieza a volverse una carga difícil de llevar.
4. Los cambios físicos, biológicos, psicológicos, religiosos, económicos y sociales que se producen, al llegar a esa edad, hacen creer a algunos que han disminuido o desaparecido, las cosas importantes que tenía en común la pareja. Aparecen malestares pasajeros o francas depresiones, con situaciones de crisis transitoria, cuya duración permite la elaboración de otros cambios más fuertes, que hacen para pasar a la siguiente etapa. En general estos cambios pueden tener un valor positivo, si la pareja consigue, que les sirvan para un mutuo conocimiento, maduración y crecimiento, como personas y como matrimonio.
5. No estar preparados para sobrellevar, el llamado síndrome del “nido vacío”, que es cuando los hijos dejan la casa paterna, para irse a vivir a otro lado, por motivos de estudio, trabajo, amigos o matrimonio. En cuanto los hijos, ya han crecido lo suficiente, como para ser más independientes y tienden a alejarse del hogar familiar, origina que los padres se sientan solos. Pues si en los primeros años del matrimonio, existía la ilusión de la juventud y la esperanza de criar a los hijos, con el paso de los años y tras haber luchado, por ellos y por la vida, el hueco dejado por los hijos, puede separar a la pareja. El rol en el matrimonio, muchas veces ha perdido su carácter excitante, por la frenética actividad y las múltiples preocupaciones que conlleva, una vida familiar en armonía y felicidad.
6. Que uno de los miembros de la pareja luche, para seguir adelante con los planes que hicieron, para cumplir los objetivos de vida en común y que la otra persona, se acomode a quedarse atrás. Es el caso frecuente, cuando uno de ellos continúa estudiando, mientras trabaja en casa o en el exterior, y la otra persona no sigue formándose.
7. Cuando aparecen los aspectos psicológicos de desilusión, cansancio y desengaño, y se reflejan en la crisis. Desilusión con uno mismo, porque los proyectos juveniles, no se han realizado. Cansancio al ver que las responsabilidades aceptadas de familia, hijos, trabajo, obligaciones sociales, etc. piden un esfuerzo continuado y se hacen cada vez más pesadas, pues exigen mucha atención y muy constante, lo que origina múltiples sacrificios. Desengaño cuando se percibe que la pareja, no quiere seguir luchando por conseguir los objetivos que se propusieron.
8. Los esposos, como cuando eran jóvenes, algunas veces buscan nuevas experiencias, muy atrevidas o de alto riego matrimonial, a fin de evitar la sensación de tiempo perdido o de aburrimiento. Coquetean con personas, incluso más jóvenes, sin tener en cuenta, el grave riesgo de que pueda haber infidelidades matrimoniales.
9. La práctica de deportes de alto riesgo, exagerado cambio de imagen, grandes inversiones económicas, que normalmente no haría, simplemente por llamar la atención, como el comprar coches deportivos, descapotables y de colores chillones.
10. Un cambio profundo en la vida económica, física o social de la pareja, una situación social inestable o peligrosa. La modificación del carácter, motivado por la excesiva preocupación por la salud, la aparición de enfermedades imaginarias, una cierta pérdida de interés por el trabajo profesional, etc. Cualquier otra situación externa, que llegue sin tiempo para prevenirla, por ejemplo: Premio de lotería, accidente con graves consecuencias futuras, problemas de salud, de inmigración, de cárcel, de servicio militar, de inundaciones, etc.
17 soluciones para la crisis matrimonial de los 40 años
1. A toda costa, rechazar como alternativa a la situación, la irreversible decisión del divorcio, pues no soluciona ninguna crisis, aunque sea lo que apetezca y lo que recomiendan muchos, de los ya divorciados. Lo importante es que los matrimonios, pongan todas las energías posibles, en crear un proyecto de unidad, religiosa, familiar y social, sobre todo, sabiendo que en ese momento de la vida, es una de las situaciones mas difícil de solucionar.
2. Administrar bien las actividades, para poderse dar cuenta, que ahora tienen más tiempo para pensar y hacer, todas las cosas que quisieron realizar en otras épocas, pero que la tarea diaria se lo impedía. Tomar esta etapa, como una oportunidad, para replantear su relación de pareja y con toda su familia en general. Pensar que este tiempo, es el ideal para ampliar los conocimientos en el área interesada o de retomar algún curso académico o profesional.
3. Alimentarse sanamente y mantener su peso ideal, eso alejará el fantasma de la obesidad, la hipertensión arterial, los altos índices de colesterol en sangre y la diabetes. Vigilar la salud de los huesos, para prevenir la aparición de osteoporosis. Visitar al médico al menos una vez al año o cada seis meses, si ha tenido con anterioridad problemas de salud. Si atraviesan por un periodo depresivo, deben consultarlo con un sacerdote, pastor, psicólogo, psiquiatra o persona con grandes conocimientos humanos, experiencia en temas matrimoniales y dotes pedagógicos para explicarlos. Nunca consuma fármacos, sin la receta de un profesional.
4. Analizar en profundidad, serenidad, inteligencia y objetividad las cosas que por diversos motivos, ya no podrán hacer, como pareja o individualmente, sin quererlas hacer a toda costa, incluso a costa del matrimonio. Poner mucho énfasis, en programar las cosas que querían hacer y que por divisas razones, no las han hecho, pero que todavía las pueden hacer.
5. Aplicar el sentido común, ya que la crisis de madurez en la pareja, puede superarse, con una buena dosis de entrega y lealtad, que es la total fidelidad, al otro cónyuge y a los hijos. Tratar de erradicar el egoísmo, para conseguir los máximos niveles de humildad, que les permitan perdonar los errores cometidos, si es el caso, y resolver las diferencias que existan, aceptando las propias limitaciones de la edad y de las circunstancias, así como el papel concreto, que cada uno tiene en la familia y en la sociedad.
6. Comprobar que tanto, para el marido como para la mujer, como para ambos como matrimonio, existen en cada comunidad, muchas alternativas en el campo médico, dietético y estético, con posibilidades que ofrecen fórmulas para conservar ágil, no solo el cuerpo, sino también la mente y el espíritu. Desde los deportes específicos, las dietas sanas y cientos de cursos y libros, que tratan sobre la armonía y el desarrollo, de las potencialidades espirituales, para intentar dominar las inquietudes de la mente, de la mejor manera posible y olvidar, que el paso de los años, ha de significar angustia y temor.
7. Dialogar muy frecuentemente y con plena sinceridad, para llegar a acuerdos que les permitan conseguir disfrutar más de la vida, saliendo más a menudo, invirtiendo el tiempo libre en actividades enriquecedoras y cultivando nuevas amistades. Cambiando de estilo de vida, sin hacerse daño el uno al otro. Es posible realizar cambios, pero sin perder nada de lo que tanto les ha costado conseguir, hasta ahora.
8. Diseñar un programa de convivencia, para cuando la crisis sea motivada, por lo que llaman el síndrome del nido vacío. El “volver a estar solos“, como lo estuvieron cuando empezaron su vida matrimonial.
9. Entender que las cosas grandes se consiguen teniendo mucho carácter y atendiendo bien lo ordinario, lo cotidiano, asumiendo las obligaciones propias de la familia que han formado, el amor que la une, la profesión elegida y las circunstancias externas, incluso las que no pueden controlar. Poniendo un gran énfasis en la seriedad de la fidelidad familiar.
10. Evitar la realización de errores irreversibles, como el abandono del hogar, salidas con personas más jóvenes, con las que normalmente no tienen cosas en común, fomentar las infidelidades con compañeros de trabajo, abandonarse en el alcohol, las drogas, los juegos de azar, en los amigos que lleven una vida disoluta o que, por su situación de divorcio, tratan de buscar convencer a los demás, de que hagan lo mismo. Huya de las grandes inversiones en coches de lujo, para aparentar y llamar la atención, llevar ropas estrafalarias, etc. Las parejas con personalidades inseguras, son las que más realizan esos errores. El riesgo está en perder lo que tienen ahora, para poder conseguir un estímulo que será pasajero, igual que la famosa crisis.
11. Evitar superar la crisis, buscando salidas escapistas al probar nuevos enfoques profesionales, para conseguir el éxito que no han obtenido anteriormente. Se hacen intentos, tomando excesivos riesgos, para ganar mucho dinero y así conseguir una situación de hegemonía, elevado prestigio y su reconocimiento público. En algunos casos se vuelcan en la política o se complican la vida con otra persona, distinta de su pareja, para halagar su propia vanidad. Y en sus relaciones sociales, se dejan arrastrar por lo novedoso, dejándose absorber por el gimnasio, por el golf o por otros deportes, que le saquen de sus obligaciones familiares. Se auto engañan y eso les lleva a decidirse, por un camino claramente equivocado.
12. Explicar a los hijos, a cada uno en los términos correspondientes a su edad y situación, los síntomas, las consecuencias y las soluciones relacionadas con este tipo de crisis matrimonial, pues los hijos cuando van llegando a su madurez, se preguntan en esas situaciones por lo que ven o sienten, de lo que les esta pasando a sus padres. No entienden muy bien lo que pasa, pero notan que algo no funciona como antes.
13. Huir de la inercia de mirar para atrás, pensando si han perdido el tiempo, a causa de las tareas domésticas y de otras obligaciones, dejando de vivir imaginativas experiencias. No obsesionarse en analizar, lo que no se tiene y echarlo de menos, continuamente. Una rutina excesiva, que carezca de estímulos gratificantes de ocio y tiempo libre, junto a excesivas responsabilidades, atraen situaciones muy difíciles, pero no imposibles de solucionar. Es fácil pasar por momentos de depresión y de ansiedad, puesto que la lucha, entre lo que apetece hacer, y lo que se debe hacer, es muy dura. Aunque en muchas ocasiones, ambas cosas son compatibles, aun teniendo en cuenta, las obligaciones impuestas o voluntarias.
14. Plantear la conquista del cuerpo y del espíritu, pues si no se ha hecho antes, ese es el momento de hacerlo, ante la necesidad de sentirse como cuando eran jóvenes. Pero sin practicar excesivos ejercicios, de modificación de la figura corporal, o se someterse a cirugías o tratamientos innecesarios, que suelen ser por pura vanidad. Es suficiente realizar ejercicios sencillos, para que los músculos y la mente, se mantengan en buen estado, que la circulación sanguínea se optimice y que el corazón no sufra sobresaltos.
15. Practicar como pareja el voluntariado, en organizaciones religiosas, sociales o políticas. Hay mucho que hacer y cada vez, es más necesaria la incorporación de parejas en estas actividades, para que aporten el equilibrio de opinión, madurez y experiencia, que todos los matrimonios debieran tener. Este trabajo en equipo, hará que al tener cosas importantes en común, no llegue el enfriamiento, ni el distanciamiento en las actividades cotidianas. Es una gran posibilidad de unificación de ideas, objetivos y sentimientos.
16. Reconocer que para solucionar definitivamente, la crisis matrimonial de los cuarenta, hace falta mucho valor, conocimientos, humildad y amor por la familia, para tomar las decisiones adecuadas. No basta con engañarse, poniendo pequeños remedios inconsistentes y después, hacerse creer uno mismo, que ya parece que se ve una luz al final del túnel. Desgraciadamente esa luz al final del túnel, puede ser la de un tren, llamado divorcio, que viaja contra nuestra dirección.
17. Tratar de esclarecer los conflictos pequeños, que muchas veces por su frecuencia, son la causa del enfriamiento del amor matrimonial, incluyendo los conflictos grandes, que están abocados, antes o después, a terminar en ruptura.
15 sentencias sobre la crisis matrimonial de los 40 años
1. Antes del matrimonio hay que tener los ojos bien abiertos, después suele ser ya muy tarde.
2. Casarse sin conocerse es jugarse la felicidad a cara y cruz. 3. El amor del noviazgo abre el paréntesis, el matrimonio lo cierra.
4. El matrimonio es al amor lo que el aire al fuego; cuando no lo enciende, lo apaga.
5. El matrimonio es una barca que lleva a dos personas por un mar tormentoso; si uno de los dos hace algún movimiento brusco, la barca se hunde.
6. El matrimonio es una ciencia que nadie estudia, se aprende haciendo camino.
7. Envejecer juntos es la máxima felicidad del matrimonio, cosa que los jóvenes suelen ignorar
8. Es difícil encontrara a la persona adecuada para el matrimonio. El primer paso es, ser nosotros la persona adecuada.
9. Hay que decir a la pareja, al menos una vez al día, lo sensacional que es y lo que le amas.
10. Hay que elegir a la pareja con mucho cuidado. De esta decisión dependerá el 90% de la felicidad o la tristeza; pero después de elegir cuidadosamente, empieza el verdadero trabajo.
11. La oración, el amor, la educación y el respeto son los secretos para tener éxito en el matrimonio.
12. Los matrimonios felices y duraderos, los grandes amigos y la buena salud, se obtienen a través del esfuerzo.
13. Si el amor ha sido una comedia al casarse, forzosamente terminará en drama.
14. Si se ama a la pareja, no se le puede engañar.
15. Un buen matrimonio divide las penas y multiplica las alegrías.
Enlace a ala noticia: http://www.forofamilia.org/noticias/crisis-matrimonial-de-los-40-anos/
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