La acogida a la “Evangelii gaudium” en la prensa

por siena Email

La dimensión social de la evangelización

John Allen, en su comentario para, el National Catholic Reporter interpreta que el Papa Francisco está intentando restañar la frecuente división “entre los católicos más comprometidos con la nueva evangelización y los más dedicados al evangelio social”. Se trata de unir el pensamiento y las energías de dos sectores que se dirigen a distintos públicos. “Está, por una parte, la Nueva Evangelización, lanzada por Juan Pablo II para volver a encender el fuego misionero de la Iglesia, y, por otra parte, el Evangelio social, que hace referencia al compromiso católico en la dedicación a los pobres, los inmigrantes y el medio ambiente, así como en su oposición a la guerra, al comercio de armas, la pena de muerte y causas de este estilo”.

Francisco dedica toda una sección del documento a lo que llama “la dimensión social de la evangelización”.“Si esta dimensión no está debidamente explicitada –escribe–, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora”.

Francisco señala algunas cosas que deberían ser motivo de especial preocupación para los cristianos, entre las que incluye la creciente desigualdad de rentas, el aumento del desempleo y las dificultades de inmigrantes y refugiados. “Y utiliza su lenguaje más acerado para fustigar ‘una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante’ y no deja dudas de que la acción misionera cristiana debe ser un agente de cambio frente a esta cultura del descarte”.

Al mismo tempo, continúa Allen, Francisco dice también de modo absolutamente claro que la evangelización también significa llevar a la gente a creer en Jesucristo. “¿Qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer?”.

Retomando la expresión de Juan Pablo II de que la Iglesia debía “respirar con los dos pulmones” (con la que se refería a la Iglesia de Occidente y a la de Oriente), Allen la aplica a que el sueño de Francisco es “una iglesia que respire con los dos pulmones de la misión y de la justicia, uniendo la preocupación por la pobreza espiritual y corporal”.

La Iglesia es misionera
Massimo Introvigne advierte en 
La nuova bussola quotidiana que “el carácter enciclopédico [del documento] se presta fácilmente a lecturas parciales e incluso deformadas”. En cualquier caso, “el texto tiene una arquitectura precisa, que debe ser seguida. Consta de cinco partes, a través de las cuales se descubre que el cristianismo o es misionero o no es cristianismo, aborda los obstáculos que se oponen hoy a la misión, dentro y fuera de la Iglesia, estudia las modalidades de la nueva evangelización, examina sus consecuencias –que no son facultativas– en el plano de la doctrina social y, en fin, recuerda la dimensión espiritual que es el alma y el secreto de todo apostolado”.

El vaticanista Luigi Accattoli resume en Corriere della Seraque Francisco “propone una fuerte descentralización de competencias de Roma hacia la Iglesia en cada país, un nuevo ejercicio del primado para promover la colegialidad, la inserción de laicos y de las mujeres en los centros de decisión, una vistosa contracción del gobierno central, una pobreza visible y una visible opción por los pobres”.

El escritor Rafael Gómez Pérez observa que si bien “el tema central es la renovación de la transmisión y vida de las enseñanzas del Evangelio, esto incluye un diagnóstico sobre la situación actual de las culturas”. “Por debajo de los aspectos globalizadores del mundo actual –en la información y comunicación y en la economía- está una innegable fragmentación. Se dan situaciones muy dispares, culturas diversas, actitudes contrarias y contradictorias”.

“A lo largo de la historia las distintas mediaciones –filosóficas, políticas, económicas, ideológicas- tratan de unificar y explicar lo disperso. Lo que se recuerda en este documento es lo que es verdad desde hace dos mil años: el Evangelio no es una mediación más, sino un reconocimiento de esa fragmentación y un ofrecimiento de salvación, de amor de Dios, que ha de vivirse en las más diversas situaciones. Eso explica la expresión de “Iglesia en salida”, así como el continuo reclamo de ir a las periferias y la insistencia en atender antes que nada a lo más sangrante, los pobres del mundo”.

El Papa Francisco dice en definitiva que el mundo actual “necesita, como contrapunto de la fragmentación, de la dispersión, de la diversidad tanto de bienes como de males, de la injusticia, de la desigualdad, la tarea concreta y diaria, cada uno en su sitio, de todos los cristianos”.

La aventura de evangelizar
Un editorial del diario británico Catholic Herald destaca que el mensaje central de la Evangelii Gaudium es recordar que todos los cristianos están llamados a evangelizar, una idea que quedó expresada en la “puesta en escena” del documento.

Al terminar la Misa de clausura del Año de la Fe, el domingo 24 de noviembre, Francisco entregó copias de su exhortación apostólica a un obispo, un sacerdote, un seminarista, un artista, un periodista, un ciego, varias familias… “¿Qué tenían en común todas estas personas de países tan distintos como Japón, Tanzania o Australia?”, se pregunta el editorial. “Ciertamente, todos eran católicos en virtud del bautismo. Pero en virtud del bautismo también estaban llamados a ser evangelizadores”.

El editorial considera que muchos católicos entienden sin problemas esa llamada a evangelizar. Pero después, en la vida cotidiana, se retraen de hacerlo pues piensan que hay otros fieles más capacitados para esa tarea. Sin embargo, “lo que el Papa dice en la Evangelii Gaudium es que, de hecho, no hay nadie más cualificado que nosotros para llevar a cabo nuestra propia misión”.

“Durante los primeros meses de su electrizante pontificado, Francisco ha mostrado qué significa ser un evangelizador. Se trata de lanzarte a la mayor aventura que la vida puede ofrecerte”, llevando con alegría el Evangelio y el mensaje del amor incondicional de Dios a los demás.

Preocupados por la desigualdad
Pero la llamada a evangelizar ha pasado desapercibida en muchos medios norteamericanos que, en cambio, se han interesado por la visión de la economía que presenta el Papa. El columnista Eugene Robinson recuerda en el 
Washington Post que las ideas principales de Francisco sobre la economía y la justicia social “no son novedosas; todos los papas recientes han formulado críticas parecidas a la sociedad capitalista moderna”.

A su juicio, la diferencia está en la fuerza con que Francisco denuncia la “idolatría del dinero” y en su empeño por convertir “la denuncia de la desigualdad en una de las preocupaciones centrales de la Iglesia”.

A George Weigel le ha sorprendido la lectura económica que han hecho algunos medios norteamericanos de la Evangelli Gaudium. Como explica en The Wall Street Journal, más bien debería leerse como “una clara llamada a favor de un cambio decisivo en la manera de entenderse la Iglesia, en plena continuidad con las enseñanzas del Concilio Vaticano II, de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI”.

El Papa Francisco –dice Weigel– está completamente dedicado a lo que Juan Pablo II llamó la Nueva Evangelización, que lleva a la Iglesia a volcarse en su misión evangelizadora; y a cada bautizado, a cambiar de vida para redescubrir su vocación misionera.

“El Papa Francisco es un revolucionario. Pero la revolución que propone no tiene que ver con la economía ni con recetas políticas, sino con la forma de comprenderse así misma la Iglesia: es un giro revitalizador hacia el fervor de Pentecostés y hacia la pasión evangelizadora de la que nació la Iglesia hace dos milenios”. Weigel explica en qué consiste este programa de renovación en su último libro Evangelical Catholicism. 

En The Atlantic, Heather Horn hace un paralelismo entre el Papa Francisco y el filósofo social Karl Polanyi, aunque también podría haberlo establecido con cualquiera que piense que la economía está al servicio de las personas y no al revés. En su exhortación, explica Horn, el Papa “no habla de revolución ni de las inexorables fuerzas históricas de que hablan los marxistas. En cambio, Francisco denuncia el completo gobierno del mercado sobre los seres humanos; no su existencia, sino su dominio [sobre las personas].

Francisco logra derribar prejuicios
Más enjundioso es el comentario que ofrece el periodista Peter Blair en un 
blog de First Things. A Blair también le sorprende el impacto mediático que están teniendo las ideas económicas del Papa. “Hay mucha continuidad entre el pensamiento económico de Benedicto y el de Francisco, pero solo los escritos del segundo han empezado a influir las conversaciones públicas dominantes sobre política y economía en un sentido que el primero no consiguió”.

 ¿A qué se debe el entusiasmo repentino de la opinión pública con la doctrina social de la Iglesia? Sin duda, dice Blair, el estilo personal del Papa Francisco ha contribuido a que muchos descubran unas enseñanzas que ya estaban ahí y con las que, en el fondo, siempre habían coincidido. En su opinión, ahora el gran reto del Papa es hacer pensar sobre cuestiones que “no están en sintonía con los prejuicios de la gente”.

Evangelizar con creatividad

por siena Email

La exhortación toma pie de las reflexiones del último sínodo de los obispos, sobre la nueva evangelización, celebrado hace un año. El Papa cita y comenta a menudo los documentos del sínodo, pero entrega un texto muy personal. A diferencia de su encíclica Lumen fidei, basada en el borrador redactado por Benedicto XVI, esta exhortación está llena de expresiones características de Francisco y presenta temas que él ha tratado ya en ocasiones anteriores. Y aquí aparecen no separados, sino en conexión expresa con el núcleo de la misión de la Iglesia. Por eso este es un documento valioso para conocer el pensamiento del Papa Francisco y comprender mejor los mensajes que ha transmitido hasta ahora.

El documento es muy largo (220 páginas), y, como señala Massimo Introvigne (La Nuova Bussola Quotidiana, 27-11-2013), se presta por eso a lecturas parciales. Uno puede subrayar las denuncias contra los actuales mecanismos económicos y financieros, y en cambio silenciar la firme condena del aborto. O alguien quizá destaque la crítica al relativismo pero olvide la advertencia contra una fijación en la ortodoxia que no sirve para abrir puertas a los que podrían responder al anuncio de la misericordia divina.

Es preciso leer la exhortación a la luz de su conjunto, para advertir su estructura. Así se comprende que las distintas afirmaciones expresan aspectos de lo central: la exigencia de renovar la misión evangelizadora de la Iglesia en el contexto contemporáneo.

Un mensaje de alegría
Una frase de la introducción condensa el punto de partida y gran parte del desarrollo: “Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás” (n. 9). El anuncio cristiano es un mensaje de alegría, llevado por quienes la han experimentado ya; por eso “un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral” (ibid.).

La alegría del Evangelio no ignora el dolor ni el mal ni las dificultades, pero renace siempre porque está fundada en la infalible bondad de Dios. La alternativa es “una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales” (n. 2). Por el contrario, la Iglesia aprendió de su Maestro que la felicidad está en abandonar el egoísmo y servir a los demás. Esas son las dos claves, mutuamente conectadas, de la exhortación: experimentar la alegría y salir a ofrecerla. “Los cristianos tienen el deber de anunciarlo [el Evangelio] sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría” (n. 14).

Salir a las periferias

El capítulo primero (“La transformación misionera de la Iglesia”) señala que la prioridad no es gestionar lo que se tiene, como si la fe pudiera conservarse sin comunicarla. Hay que “ salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (n 20. ). “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (n. 27). Toda reforma en la Iglesia solo puede buscar que sea más misionera, dice el Papa a renglón seguido.

Esto implica aceptar la limitación humana y, sin rebajar el Evangelio, ayudar a abrazar poco a poco todas sus exigencias, “acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas” (n. 44). Juan Pablo II expresaba la misma idea en un texto al que Francisco remite en nota: decía que no se puede admitir una “gradualidad de la ley”, pero se ha de aplicar “la ley de la gradualidad” (Familiaris consortio, 34).

De ahí también que no deban negarse los sacramentos, especialmente el Bautismo, “por una razón cualquiera”; y la Eucaristía “no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (n. 47). Algunos comentarios han relacionado este pasaje con el caso de los divorciados casados de nuevo o los personajes públicos que apoyan el aborto. Pero el Papa no hace ninguna aplicación concreta, sino indica la necesidad de “considerar con prudencia y audacia” las medidas pastorales oportunas.

 En todo caso, se trata de “comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible” (n. 45). “Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: ‘¡Dadles vosotros de comer!’ (Mc 6,37)” (n. 49)

La mundanidad que preocupa al Papa

por siena Email

La advertencia contra la mundanidad es algo que aparece con frecuencia en las palabras del Papa Francisco, pero no es un asunto que los medios suelan destacar. Con las expectativas creadas en torno a los cambios que hará el Papa, se tiende a pensar que el cambio se ha de manifestar en la adaptación de la Iglesia a los criterios aceptables en la sociedad de hoy. 

 Sin embargo, el Papa Francisco ha querido señalar que hay cambios que en realidad serían cesiones al espíritu del mundo. “Existe siempre el peligro, también para los hombres de Iglesia, de ceder a lo que llamo, retomando una expresión de De Lubac, la ‘mundanidad espiritual’: ceder al espíritu del mundo, que lleva a actuar para la propia realización y no para la gloria de Dios, a esa especie de ‘burguesía del espíritu y de la vida’ que empuja a acomodarse, a buscar una vida cómoda y tranquila” (discurso en las Jornadas dedicadas a los Representantes Pontificios, 21-06-2013). 

Solo en el último mes, el Papa ha recordado varias veces a los cristianos la necesidad de despojarse del espíritu mundano, que adopta múltiples caras: el apego a criterios y grandezas del mundo, la indiferencia hacia los que sufren, el progresismo adolescente, la superficialidad o la astucia de la corrupción.

Cuando el Papa visitó Asís el pasado 4 de octubre había expectación por ver qué diría en la ciudad donde nació san Francisco: algunos confiaban en que aprovecharía ese escenario para hacer gestos clamorosos. El mismo Papa comentó esta impresión en su encuentro con los pobres asistidos por Cáritas: “En estos días, en los periódicos, en los medios de comunicación, se fantaseaba. ‘El Papa irá a despojar a la Iglesia, ¡allí!’. ‘¿De qué despojará a la Iglesia?’. ‘Despojará los hábitos de los obispos, de los cardenales; se despojará él mismo’”.

El Papa, efectivamente, fue a Asís para invitar a la Iglesia a despojarse. “¡Pero la Iglesia somos todos! ¡Todos! Desde el primer bautizado, todos somos Iglesia y todos debemos ir por el camino de Jesús, que recorrió un camino de despojamiento, Él mismo. Se hizo siervo, servidor; quiso ser humillado hasta la Cruz”.

Cristianos de pastelería
 
El Papa sabe que la exigencia evangélica no es muy popular, por eso se adelantó a las posibles reacciones: “¿Pero no podemos hacer un cristianismo un poco más humano –dicen–, sin cruz, sin Jesús, sin despojamiento? ¡De este modo nos volveríamos cristianos de pastelería, como buenas tartas, como buenas cosas dulces! Muy bonito, ¡pero no cristianos de verdad!”.

¿De qué ha de despojarse la Iglesia? “Debe despojarse hoy de un peligro gravísimo, que amenaza a cada persona en la Iglesia, a todos: el peligro de la mundanidad. El cristiano no puede convivir con el espíritu del mundo. La mundanidad que nos lleva a la vanidad, a la prepotencia, al orgullo. Y esto es un ídolo, no es Dios. ¡Es un ídolo! ¡Y la idolatría es el pecado más fuerte!”.

La indiferencia hacia los que sufren es una señal clara de mundanidad. Con la tragedia de Lampedusa muy reciente, denunció que muchos son expoliados por un “mundo salvaje, que no da trabajo, que no ayuda; al que no le importa si hay niños que mueren de hambre (…)”. Frente a la indiferencia propuso el “espíritu de las bienaventuranzas”, que encarnó san Francisco, despojándose desde muy joven para servir y ocuparse del dolor de los pobres.

Progresismo adolescente
Durante el mes de noviembre, el Papa ha vuelto a advertir contra la mundanidad en sus homilías diarias en Santa Marta. El pasado día 18, el Papa subrayó que el espíritu mundano puede adoptar la forma del “progresismo adolescente” que “se cree que ir detrás de cualquier elección es mejor que permanecer en las costumbres de la fidelidad”.

Al hilo del pasaje del Libro de los Macabeos en el que los líderes de Israel abandonan su fe y sus tradiciones para congraciarse con las demás naciones, comenta: “Esta es una contradicción: no negocian con los valores, sino con la fidelidad. Esto es el fruto del demonio, del príncipe de este mundo, que nos lleva adelante con el espíritu de mundanidad”.

“No es la bella globalización de la unidad de todas las naciones, cada una con sus propias costumbres pero unidas, sino que es la globalización de la uniformidad hegemónica, es la del pensamiento único. Y este pensamiento único es fruto de la mundanidad”.

Claro que el cristiano debe empeñarse por buscar el progreso de las personas y de la sociedad. El progresismo que denuncia el Papa es el que negocia con el Evangelio, sustituyéndolo por la creencia de que “debemos ser como todos, debemos ser más normales, como hacen todos, con este progresismo adolescente”.

La curiosidad que aleja de la sabiduría
El 14 de noviembre, también en Santa Marta, el Papa advirtió contra la “curiosidad mundana” que aleja de la presencia de Dios.

El Espíritu de Dios “nos ayuda a juzgar, a tomar decisiones según el corazón de Dios. Y este espíritu nos da paz, ¡siempre! (…) Lo que Dios le pide a Abraham, ‘Camina en mi presencia y sé intachable’, es esto: esta paz. Ir bajo el movimiento del Espíritu de Dios y de esta sabiduría. Y ese hombre y esa mujer que caminan así, se puede decir que son un hombre y una mujer sabios. Un hombre sabio y una mujer sabia, porque se mueven bajo el movimiento de la paciencia de Dios”.

Una manifestación de la curiosidad mundana “es cuando nosotros queremos apropiarnos de los proyectos de Dios, del futuro, de las cosas; conocer todo, tener todo en la mano…”. Otra es la superficialidad que “aleja de la sabiduría, porque solamente interesan los detalles, las noticias, las pequeñas noticias de cada día”. Sus palabras son especialmente oportunas en un momento en que la multitarea digital favorece las distracciones compulsivas.

No es el afán de estar informado lo que preocupa al Papa, sino las continuas distracciones que quitan la serenidad. “El espíritu de la curiosidad no es un buen espíritu: es el espíritu de la dispersión, de alejarse de Dios, el espíritu de hablar demasiado”.

Y concluyó: “El Reino de Dios está en medio de vosotros: no busquéis cosas raras, no busquéis novedades con esta curiosidad mundana. Dejemos que el Espíritu nos lleve adelante, con esa sabiduría que es una suave brisa”.

El pan sucio de la corrupción

Otro aspecto de la mundanidad salió a relucir el 8 de noviembre, en su homilía diaria en Santa Marta. Glosando el pasaje evangélico de san Lucas sobre el administrador infiel, el Papa denunció “la astucia mundana” de quienes se ganan la vida “por el camino más corto” de la corrupción y el soborno.

“¡Dios nos ha pedido llevar el pan a casa con nuestro trabajo honesto! Y este hombre, administrador, lo llevaba pero ¿cómo? ¡Daba de comer a sus hijos pan sucio! Y sus hijos, quizá educados en colegios caros, quizá crecidos en ambientes cultos, habían recibido de su padre suciedad como comida, porque su padre, llevando pan sucio a casa, ¡había perdido la dignidad! ¡Y esto es un pecado grave! Porque se comienza quizá con un pequeño soborno, ¡pero es como la droga!”.

 A la astucia mundana opuso la “astucia cristiana de hacer las cosas un poco esbeltas… no con el espíritu del mundo, pero honestamente. Es esto lo que dice Jesús cuando invita a ser astutos como las serpientes y sencillos como las palomas. (…) La dignidad viene del trabajo digno, del trabajo honesto, del trabajo de cada día y no de esos caminos más fáciles que al final te lo quitan todo”.

Total legitimidad de la educación diferenciada

por siena Email

Voy a celebrar la aprobación el pasado 28 de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), consciente de ir en esto contra toda corriente. Y lo hago en particular por su artículo 84.3, que elimina la barbaridad legal que desde 2006 discrimina a los padres y promotores de centros de iniciativa social, especialmente a aquellos que optan por incluir la educación diferenciada entre los elementos constitutivos de su modelo.

 Para los que quieran una aproximación seria a esta cuestión fundamental, sugiero la lectura del claro artículo del profesor José Esteve Pardo(uno de mis excelentes profesores durante la carrera), catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Barcelona, PARADOJAS DE LA DISCRIMACIÓN EN MATERIA EDUCATIVA, publicado en El Cronista (n. 37, mayo 2013), a propósito de la Sentencia del Tribunal Supremo Federal Alemán de 30 de enero de 2013 sobre el modelo de educación diferenciada

 En el texto enlazado he resaltado algunos párrafos que resumen, a mi entender, su contenido, fácil, por otra parte, de seguir para profanos en cuestiones jurídicas. Traigo aquí, no obstante, esta breve parte del texto, para ilustrar el tenor del artículo completo: 

 Antes al contrario, las que en Alemania se conocen como escuelas monoeducativas -que escolarizan a estudiantes de un mismo género- son una realidad perfectamente asentada y normal en el panorama escolar como veremos se cuida también en destacar el Tribunal Supremo en la sentencia que suscita estas líneas.

 Esta primera constatación se destaca por cuanto, como es perfectamente conocido, en nuestra legislación, Jurisprudencia y también en el debate político y mediático, la discriminación se ha situado -o se ha querido situar por algunos sectores- en el centro de esta temática. Se trata aquí de una noción muy primaria, y hasta grosera, de discriminación que no está presente en el Derecho alemán, como acabamos de constatar, ni en el Derecho Comunitario, ni en el de ninguno de sus Estados miembros, ni tampoco, como tendremos ocasión de comprobar, en las Declaraciones y Tratados Internacionales en materia de educación que tienen por cierto una gran relevancia por su valor interpretativo sobre los derechos fundamentales reconocidos en la Constitución, entre los que son muy significativos los relativos a la enseñanza.

 En fin, vale la pena dedicar una media hora a leer aportaciones como esta, que permiten escapar a la superficialidad, la ideología y la grosería reinante en el debate sobre la libertad de educación.

España no pasa la reválida del PISA

por siena Email

En esa especie de Olimpíadas educativas en que se ha convertido el informe PISA, España está estancada desde hace tiempo en una mediocre zona un poco por debajo de la media. El último PISA 2012 confirma esta dolencia, que ni el aumento del gasto educativo (un 35% desde 2003) ni los cambios de currículo han logrado enderezar. En el terreno educativo estamos lejos de una cultura de la excelencia, ya que, por ejemplo, solo el 8% de los alumnos españoles alcanzan ese nivel en matemáticas, frente a un 13% de media en el conjunto de países participantes.

Hasta ahora nos solíamos consolar con la idea de que, por lo menos,  había más equidad que en otros países en los resultados educativos de los alumnos de distinto nivel socioeconómico. Lo cual no es mucho consuelo, pues era como decir que se había logrado la equidad en la mediocridad.

Pero el nuevo PISA 2012 nos quita hasta  esa excusa, porque la equidad ha empeorado. En 2012 los alumnos de nivel socioeconómico más favorecido superan a los desfavorecidos en 34 puntos en matemáticas, una diferencia 6 puntos superior a la observada en 2003. También la diferencia de rendimiento educativo entre comunidades autónomas con mayor y menor rendimiento es el equivalente a casi año y medio de escolarización. Y, según el informe, el 85% de de las diferencias en rendimiento en matemáticas es atribuible a diferencias socioeconómicas.

Por eso resulta curioso que los que critican la nueva reforma que se propone la LOMCE defiendan un sistema que no produce ni calidad ni equidad. Como si ahora viviéramos en un edificio educativo de lujo, que el gobierno se empeñara en desmantelar. Se dice que la reforma educativa, al separar distintos itinerarios en la ESO a partir de los 14 años, va a discriminar a los alumnos que van peor. Más bien da la impresión de que la falta de exigencia que consagró la LOGSE perjudica más a los menos favorecidos. Y si alguien necesita  el empuje de una buena formación para elevar su estatus es sobre todo el que parte de más abajo.

En este aspecto, es significativo que los países asiáticos que están en el pelotón de cabeza en el ranking en matemáticas, sean también los que cuentan con alumnos más resilientes, es decir, que vencen los pronósticos socioeconómicos que tienen en su contra y obtienen un rendimiento superior al esperado. En Hong-Kong, Corea, China-Macao, Singapur y Vietnam, un 12,5% de los alumnos destacan por su resiliencia, porcentaje que en el caso de España es un 6%, lo cual supone un descenso de 2 puntos respecto a 2003.  El clima de exigencia del “tigre asiático” acaba siendo un estímulo más decisivo para el alumno menos favorecido.

El informe PISA recomienda a España una mayor autonomía para los centros y más evaluaciones externas.  En realidad, ambas políticas van de la mano. La mayor autonomía de los centros a la hora de diseñar el currículo y los métodos tiene todo el sentido si se contrasta con evaluaciones externas que permitan medir la eficacia del proyecto educativo del centro. Y en esa línea van las reválidas que instaura la ley Wert, y que tanto asustan a los enemigos de la transparencia de los resultados educativos. Después de todo, ¿qué es el informe PISA sino una reválida que pasan los sistemas educativos?

 La “marea verde”, que sigue batallando a favor del statu quo de la educación pública, debería plantearse por qué el sistema actual lleva años sin conseguir desencallar el barco de la enseñanza. Mantener todo igual y pedir más dinero es un conservadurismo cómodo.

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