"LO QUE NO ENTIENDO, LO QUE NO VEO, NO LO CREO"

por jlreyes Email

LO QUE NO ENTIENDO, LO QUE NO VEO, NO LO CREO”

 

Hoy, en demasiados, impera el falso criterio de un puro racionalismo, que les lleva a despreciar lo que no pueden verificar por su misma razón o  con sus sentidos. Y, si lo pensamos un poco, tal forma de pensar es de lo más anti-racional que pueda darse, pues vivimos apoyados en la fe humana, que nos lleva a fiarnos de los demás, de sus conocimientos del vivir. Por ejemplo, así dice el refrán: “el que quiera saber que compre un viejo”, y también que: “la experiencia es la madre de la ciencia. ¿Acaso “no sabe más el demonio por viejo que por demonio…”, como nos decían nuestras abuelas?

Es evidente que vivimos de los aciertos y desaciertos de los demás lo que constituye el fundamento de la ciencia. Los científicos parten de  los conocimientos experimentales de sus antecesores, y siguen esas  líneas de investigación; y, con su estudio y experimentos, nos asombran con los avances fantásticos a los que están llegando: tales como las “células madre”, la “embriología”, la utilización del laser para tratar los ojos, eliminar cálculos renales, ataque a tumores etc.  que están siendo ya una realidad y tienen ancho camino por delante, y son la panacea para muchas enfermedades hasta ahora incurables.

Y junto a esa fe humana, está la fe divina, que nos lleva a conocer los misterios que un “Eminentísimo Sabio: Dios” nos ha revelado, o sea, ha quitado el velo que nos los ocultaban. Y como Dios ni puede equivocarse ni quiere equivocarnos, estudiando su palabra revelada encontramos lo que más ansía el hombre: la verdad. Algunos laicistas miran la fe divina como si fuera incompatible con la razón, y, como – dicen - “no hay Dios, ni Revelación, ni Mandamientos” caen en el “relativismo”  de que nada es verdad o mentira, todo es relativo, todo como cada cual lo vea. Y tira “pá´lante

Sin embargo, el Papa Juan Pablo II  nos regaló una Encíclica “Fides et Ratio” que comenzaba diciendo que: “Fe y razón son como dos alas sobre las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad.”  Un pájaro o un avión que pierdan un ala – digo yo - caerán vertiginosamente al suelo y se estrellarán. Así les ocurre a quienes quieren encontrar la verdad con la sola razón, una sola de las dos alas.

Existen principios evidentes, de validez universal, y  asumidos por todos, creyentes o no creyentes. Por ejemplo: “no quieras para otro lo que no quieras para ti”; “respeta la mujer de tu prójimo; así como “no mentir”, “vivir la lealtad y fidelidad”, “el amor a los padres y a los hijos”… Son el cimiento de la civilización. Las claves de una sociedad enferma son la crisis del modelo de familia – una e indisoluble -, la corrupción de costumbres, la caída de la ética del esfuerzo y del respeto a los mayores y a los educadores, la desenvoltura sin freno de los instintos sexuales, la mentira desvergonzada como arma política o comercial, y la falta de respeto a las ideas y creencias de los demás. Volvamos, pues, a vivir apoyados en las dos alas de la fe y la razón para no estrellarnos, y establecer un mundo de paz y bien.

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