TODA ESTA MARAVILLOSA HISTORIA...
por jlreyes
TODA ESTA MARAVILLOSA HISTORIA COMENZÓ EN NAZARET
“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (…) a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y, puesto que sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá, Padre!”(Gal 4,4)
La humanidad gemía en el dolor de la separación de Dios y en las tinieblas del pecado. Durante siglos, el pueblo creyente esperaba que se cumpliera la promesa hecha en el Paraíso, de que Dios enviaría a la humanidad un salvador.
Con la Encarnación la historia ha llegado a su momento culminante. Fue como un estallido de luz y de vida: “la plenitud de los tiempos”, que hizo que la humanidad quedara definitiva y plenamente orientada hacia Dios.
Dios, que ama infinitamente al hombre, envió a su Hijo Unigénito, eterno, de su propia naturaleza divina, y al encarnarse, sin dejar de ser Dios, “fue hecho” de Santa María Virgen. Jesucristo: Dios y hombre: la clave, el centro y el fin de toda la historia humana
En la cueva de Belén, recostado en unas pajas, tiernamente arropado por la Virgen y con la mirada de pasmo y cariño de san José, se hace presente entre los hombres: “El Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14)
Se hace pequeño, niño. Quiere que le tratemos con una amistad y una confianza únicas. Y, con su venida, también el Padre envía al Espíritu de su Hijo que nos hace exclamar: “¡Abbá, Padre! Dios es no sólo nuestro Creador sino también nuestro Padre
Toda esta historia de Dios con el hombre no se puede entender si no se traduce en clave de amor. Por eso, san Juan, gran conocedor del Corazón de Jesús, nos quiere esclarecer este misterio, cuando escribe: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3,16) Y cuando llega el momento de la despedida, nos muestra los sentimientos de su amado Jesús, quien: “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin”. Y del discurso de la Cena: “Como el Padre nos amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor. Si guardáis los mandamientos, permaneceréis en mi amor” Y la sugerencia, el mandato de Jesús: “Esto os mando: que os améis unos a los otros”
Nos preparamos para celebrar el Nacimiento de Dios. Y, por favor, que no sea una cosa más que repetimos cada año. No banalicemos el misterio. .Pedidle al Niño y a su Madre que este año sea un descubrimiento de ese infinito amor que Dios nos revela con su presencia entre nosotros y para nosotros, hasta la sublime entrega de la cruz.
San Pablo, otro gran enamorado de Cristo, nos dice:”Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, el cual, siendo de naturaleza divina, se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo y (…) se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filp 2, 5 ss). ¡Todo nace y todo se explica por el amor!
Por terminar, os brindo un precioso villancico, conocido y cantado por todos, que resume en cándida sencillez el gran misterio del amor de Dios:
Dime Niño de quien eres // todo vestidito de blanco.// Soy de la Virgen María // y del Espíritu Santo. // Resuenen con alegría // los cánticos de mi tierra //y viva el Niño de Dios // que nació en la Nochebuena.
La Nochebuena se viene, // tururú //, la Nochebuena se va. // Y nosotros nos iremos // tururú //, y no volveremos más.
Dime Niño de quién eres // y si te llamas Jesús // Soy amor en el pesebre// y sufrimiento en la Cruz.
Resuenen con alegría / los cánticos de mi tierra…




15/12/11 02:43:00 pm,