CONCLUSIÓN

Conclusión: Domingo de Resurrección, y tiempo de Pascua…

Es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la muerte a la vida. "Jesús es el nuevo cordero pascual que nos trae la nueva liberación, del pecado y de la muerte." Lo que celebramos es realidad viva y actual. Llevamos, por tanto, en nuestra oración el carácter dramático de los hechos y de las situaciones que en estos días afligen a muchos hermanos y hermanas nuestros de todas las partes del mundo. Nosotros sabemos que el odio, las divisiones, las violencias, no tienen nunca la última palabra en los acontecimientos de la historia. Estos días vuelven a alentar en nosotros la gran esperanza: Cristo crucificado ha resucitado y ha vencido al mundo. El amor es más fuerte que el odio, ha vencido y tenemos que asociarnos a esta victoria del amor. Por tanto, tenemos que volver a comenzar a partir de Cristo y trabajar en comunión con él por un mundo basado en la paz, en la justicia y en el amor. En este compromiso, que involucra a todos, dejémonos guiar por María, quien acompañó al Hijo divino por el camino de la pasión  y de la cruz, y que participó, con la fuerza de la fe, en la aplicación de su designio salvífico. Con estos sentimientos, os hago llegar ya desde ahora mis mejores deseos de feliz y santa Pascua a todos vosotros y a vuestras comunidades.

Toda la celebración de la Vigilia pascual se realiza durante la noche, de tal manera que no se vaya a comenzar antes de iniciarse la noche, o se termine la aurora del Domingo. La Vigilia Pascual comienza con el Lucernario: Se bendice el fuego. Se prepara el cirio en el cual el sacerdote con un punzón traza una cruz. Luego marca en la parte superior la letra Alfa y en la inferior omega, entre los brazos de la cruz marca las cifras del año en curso. A continuación se anuncia el Pregón Pascual.

Luego, la Liturgia de la Palabra, se leen las maravillas que desde los comienzos realizó Dios con su pueblo.

Luego, la Liturgia Bautismal. Se llama a los catecúmenos, quienes son presentados ante el pueblo por sus padrinos: si son niños serán llevados por sus padres y padrinos. Estamos todos con las velas encendidas junto a los que son bautizados, y hoy renovaremos las promesas de la fe. Queremos la luz, vamos en busca del rostro de Jesús…

 

Estos años han surgido reconstrucciones del rostro de Jesús, también en Semana Santa las cadenas de televisión nos ofrecen las producciones cinematográficas sobre los tiempos de Jesús, que para mi gusto muestran mejor a los personajes de la época que a Jesús, que siempre es más o menos decepcionante, aunque se hacen buenos esfuerzos como las de plastilina y dibujos animados de “El hombre que hacía milagros”. Nos es velado el rostro de Jesús, y la búsqueda no puede cesar, pues la figura de estos 2000 años más influyente es Jesús de Nazaret y por él se han hecho los actos más humanitarios, de amor, y por desgracia han usado su nombre para cometer también atrocidades...

No quiero ahora entretenerme en considerar las semejanzas entre el Jesús que aparece en la sábana santa y los iconos de las iglesias orientales. Una vez se ha desprestigiado la prueba de carbono 14 que le hicieron hace unos años, sigue apareciendo la “santa sindone” como uno de los mejores testimonios del rostro de Jesús, de este Jesús que nació, rezó y ayunó, que murió en el Calvario, con el sacrificio de la cruz, en una victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte. Sin embargo, la imagen que podemos encontrar sobre todo es interior. Juan Pablo II nos invitaba a fijar la mirada en el rostro de Cristo crucificado y hacer de su Evangelio la regla cotidiana de vida. Decía una chica que es muy difícil explicar esta experiencia: “cuando crees en el Evangelio, cuando rezas, te sientes mejor, y sería estupendo que viviéramos lo que nos enseña... el mundo sería distinto”. Hay una cierta “experiencia de Dios”, un “laboratorio” en el que descubrimos, aún dentro del ambiente secularizado que nos rodea, el rostro de Jesús.

 

Al pasar por Madrid, pude conocer a un hombre algo anciano, que no podía aguantar contar su alegría a alguien. Había llegado a la capital después de la guerra, y entre pesares pudo ir adelante, recogiendo colillas y papeles y otros desechos. Allí fue bautizado, pero pronto abandonó la práctica religiosa porque no se atrevía, se veía indigno. Pasaron los años y le pasó de todo. Acabó en la cárcel, 12 años estuvo en tiempos del anterior régimen. Perdió un tobillo en un accidente (le colocaron una prótesis) y al poco murió su mujer. En medio de muchos pesares, y sin saber qué rumbo tomar, salió a ver procesiones de Semana Santa, y decía: “ayer, al ver el paso del Cristo de los gitanos, no pude aguantar más y me puse a llorar como un niño...” Tenía ganas de portarse mejor, de cambiar de vida, de hacer algo... confesó y fue a los Oficios, para comulgar. Qué tendría aquella mirada del Cristo de los gitanos...

Estos días vemos como Joe Eszterhas, que fue el guionista del thriller erótico de mayor éxito de los años 90 y otras películas que le convirtieron en el “el rey del sexo y la violencia en América” según la revista TIME, lleva la cruz en el Viacrucis de su parroquia, cuenta la conversión, acude a la comunión y a los demás sacramentos, y agradece a Dios que cuando estaba tocando fondo en su enfermedad, le fuera a salvar…

El hombre, como el hijo pródigo, por muy lejos que vaya, por muy bajo que caiga, es un buscador que persigue la verdad, la apertura espiritual, a Dios. Jesús es el hijo pródigo que se va del cielo, que nos viene a buscar, nos habla de que tenemos un Padre y que todos somos hermanos, cosa que nos conmueve porque si no hay padre no hay fraternidad, por mucho que seamos hijos de los hombres de Atapuerca. Además, estamos todos interesados en el tema de qué será después de la muerte (últimas preguntas) y cuál es el sentido de la vida (las penúltimas preguntas). Este es el misterio del rostro de Jesús, que su presencia se realiza hoy, en nuestras circunstancias históricas. “Cristo, ayer, hoy y siempre”. Tenía razón Dostoyevsky cuando en "Los demonios" preguntaba "¿Puede un hombre culto, un europeo de nuestros días, creer aún en la divinidad de Jesucristo, Hijo de Dios? Pues en ello consiste propiamente la fe toda".

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lucas 24,5-6), preguntó el ángel a las santas mujeres aquel primer domingo de pascua, y como una onda que pasa transversalmente a través de los siglos, parece que aletean en el aire estas palabras del ángel, para que el anuncio de la resurrección de Jesús llegue a toda persona de buena voluntad y todos nos sintamos protagonistas en construir un mundo mejor. Porque en medio de tantos rincones del planeta envueltos en zumbidos de guerras y lágrimas, late este mensaje de esperanza, que nos dice que es posible vencer en la apuesta de la tolerancia y de la solidaridad, es posible tener capacidad y coraje para un desarrollo respetuoso de cada ser humano.

Acabo de escribir esta primera edición pro-manuscrito de comentarios litúrgicos en

Granada, Se

Last modified: Friday, 1 April 2011, 07:48 pm
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